domingo, 15 de abril de 2012

Utopía


La Real Academia Española define a una utopía como un plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.
Ningún libro dice (y tampoco dirá nunca), cómo, cuándo, dónde y por qué se llega al momento que le sigue a esa formulación: el de la concreción.
Soñar, imaginar o replantearse el mundo en función de que otro futuro tanto propio como compartido puede ser posible es un viaje de ida. Una vez que una idea zarpa de la mente es imposible detenerla, es imposible retenerla.
La práctica y la vida misma demuestran que, de forma contraria a lo dicho por cualquier diccionario, las utopías no quedan enclaustradas en un lugar inexistente; están en tantas mentes y en tantos lugares al mismo tiempo, que sería imposible universalizarlas, cuantificarlas y medirlas.
Sí es universal y surge o surgirá en todas y cada una de las siete mil millones de cabezas que están poblando el planeta Tierra, la imperiosa necesidad de hacer todo lo que sea posible para que aquello que en la teoría se considera inalcanzable, deje de ser una simple abstracción. No hay quien no quiera que sus lejanas elucubraciones mentales se concreten y se vuelvan palpables, tangibles y más que nada, reales.
¿Quién tiene el poder suficiente para decidir qué es una utopía y qué no?, ¿quién puede decidir cuánto peso tiene una con respecto a la otra?, ¿quién dice cuál vale más y cuál menos?, ¿quién puede decirle a otro cómo pensar?
Las utopías son, entonces, parte de la historia de un pueblo, construcciones mentales de sus habitantes, conjuntos de significados comunes y las impulsoras de los cambios más grandes que marcan la vida en conjunto de un país.
Son de todos, porque no hay ser humano que viva sin ellas, no son de nadie, porque nacen como parte de la naturaleza misma formando una antítesis con la racionalidad. Pueden ser globales, porque también pueden ser compartidas y aunque se compartan, también son individuales y particulares, porque nadie las concibe de la misma manera y todos las aprehenden a su modo.
Es por esto que dar cuenta de algunas de ellas resulta ser otro viaje fascinante para conocer más el mundo actual y, simultáneamente, volver a imaginarse que otro mundo puede ser posible.
Las ideas no se matan; las utopías tampoco. Por más restricciones mentales y materiales a las que uno se haya expuesto a lo largo de su vida, para la mente ni el suelo es el tope, ni el cielo es el límite.

sábado, 25 de febrero de 2012

María, María #Once

Se llamaba María,  lo normal era que caminara, era caminante, al menos eso decían todos los diarios, las redes sociales y hasta en la televisión. Ponían énfasis en hablar de ella en pasado; "estaba muerta", "la encontraron en la morgue anoche", "Ya no la buscan más, se murió"... Yo la miraba, veía la foto una y otra vez y no podía pensar en que estuviera muerta.
Vi muchas otras fotos, gente que era buscada en todos los hospitales habidos y por haber y que iba apareciendo, en la mayoría de los casos muerta. A uno lo buscaba su esposa, a punto de parir; a otro, que tenía una hijita de 4 años, casi medio país... a ella parecía que no la buscaba nadie e incluso su muerte parecía irrelevante.
Yo seguía mirando su foto, hasta soñé que la buscaba, que la veía en la televisión y después corría y que después la encontraban, herida y shockeada, pero viva. A los otros que también buscaban los vi en mis sueños, pero estaban heridos, inertes, o escondidos en el tren. María, la chica de la foto, corría, corría sin parar, se escondía y aparecía.
Pasó la mañana, pasó la tarde y nadie hablaba de ella, era una muerta mediática...
Volví a ver su foto, seguramente lo haría hasta el cansancio. Leí uno a uno los comentarios que la gente le iba dejando abajo, vi varios QEPD y caritas tristes, pero los nuevos comentarios decían lo que yo ya sabía: estaba viva. María estaba viva. María está viva.

"La encontramos hace 4 horas en un hospital de San Isidro, muy golpeada y en shock, por suerte ya está mejor"