viernes, 16 de julio de 2021

Tengo un “él“ atravesado (2015)

 XX: Mirá qué lindo que es el vecino, ¿vos te diste cuenta?

Xx: Sí, naaa, no sé... tiene lindos ojos, se puso una corbata nueva hoy. Ahí viene a comprar. Recreate la vista.
XX: Son las tres ya, ¡qué raro que tu enamorado no haya pasado!
Xx: No va a pasar, medio que le corté el mambo.
XX: ¿Como sos vos o como soy yo?
Xx: Como ambas, lo fui esquivando, me hice la boluda, le dije que estaba ocupada, que tenía que estudiar, que estoy en otra.
XX: «mi amor es el mar», «no me dejan mis papás»
[ojos en blanco]
Xx: Y hace 5 años vivo sola... ¡Qué chamuyo nena!
XX: ¿Viste qué lindo que es el que trabaja en la esquina?
Xx: Fuma, por suerte entendió cuando le dije que no viniese a comprar puchos en mi horario... sigo sintiendo que contribuyo a que la gente se mate en cuotas.
XX: No es tu culpa.
Xx: Pero me da culpa. Es gay, por cierto.
XX: no pegamos una nosotras dos. Mirá, ahí viene tu amor
XX: Cashate. Ni es mío ni lo amo. Mi amor es el mar
XY: ¿Por qué no querés salir conmigo?, ¿es porque no voy a la facu o porque no me gustan las matemáticas? ¿es porque no soy rubio ni colorado? ¿porque no se pronunciar Nietzsche y hasta antes de conocerte no sabía que las Oreo son veganas, qué era Nutella o quién era el del cuadro de los relojes derretidos?
XX: ¿Te acordás de esa?
Xx: Mi Dios... Mi Nietzsche. Este pibe no estaría entendiendo nada.
XX: Yo tampoco.
Xx: vos entendés todo. Callate.
XY: Contestame. ¿Por qué es?
Xx: Tengo un él atorado, de esos que no se pueden sacar como si fueran curitas. No sabe pronunciar probatio, no distingue a George de Ringo, ni entiende la diferencia entre periodismo y planificación. Probablemente para los 30 ya esté pelado y empiece a echar panza. Pero es "el" él y mientras sea/esté ni vos ni yo podemos hacer nada... nada más.
XX: me vas a hacer llorar, yo no quería acordarme de ese él. Encima el otro salió corriendo. Me da lástima ahora.
Xx: ¿Vos me estás jodiendo?. Entre las dos no hacemos una. Y no llores. Todos siempre nos enamoramos un poquito. A veces resulta y otras escuchamos temas de Karina.
XX: ¿Nos hacemos un café?
Xx: dale, necesitamos estar despiertas en las horas de Conta.

lunes, 24 de mayo de 2021

Guillermo

 Mi abuelo no era de este mundo, estimo que por eso se fue tan temprano. Los que lo conocieron dicen que era demasiado sensible, demasiado inteligente y también demasiado melancólico.

Don Guillermo vivía por/para sus pasiones y eso en su corta vida fue un arma de doble filo. El año pasado escribí esta nota resaltando lo importante que fue su presencia en el teatro mendocino, al menos hasta la llegada de gobiernos que prefirieron la masificación antes que la excelencia. Mi abuelo y yo nos parecemos en muchas cosas, pero en esas cosas en las que nos parecemos supimos encontrar las diferencias.

Amamos la literatura, pero él era fan de los griegos y de los franceses. Hablamos muchos idiomas, pero no exactamente los mismos. Escribimos un montón, pero no tenemos ni por casualidad el mismo estilo y así con todo. Por cosas del destino, la casualidad o la causalidad muchos de sus libros fueron a parar a mis manos y mucha gente que lo conoció está en contacto con nosotros.

Las abuelas de mis amigas fueron sus alumnas, algunas profesoras y hasta bibliotecarias que ya se jubilaron también. Don Guillermo y yo nunca nos conocimos porque para cuando yo nací, él ya llevaba varios años muerto. Sin embargo, su legado queda, persiste y sigue vivo no solo entre las páginas amarillas sino cada cosa que hacemos quienes llevamos su sangre, su apellido y el orgullo de ser sus nietos.

Hoy cumpliría 91 y en unos días serán 44 desde su muerte.
Gracias Guillermo, dondequiera que estés (leyendo)

sábado, 1 de mayo de 2021

Glorificando al cazador - La desmemoria de Galeano

 La desmemoria /4 [Eduardo Galeano]

Chicago está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros.
Al llegar al barrio de Haymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo.
-Ha de ser por aquí-, me dicen. Pero nadie sabe.
Ninguna estatua se ha erigido en me moria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada.
El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera. Ese día, la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.
Tras la inutil exploración de Haymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock.
El cartel reproduce un proverbio del África: Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.

jueves, 14 de enero de 2021

No vuelvas

 Andate. Tomate el palo, esfumate. Morite. Pero no vuelvas. No ahora que estoy feliz, no ahora que estoy tranquila. No ahora que amo a alguien que me ama y me ama alguien que amo. Andate. No vuelvas. 

domingo, 11 de octubre de 2020

La nostra storia fra le dita

 Siempre que vea las tortugas Ninja me voy a acordar de vos. También cuando alguien nombre a Brunelleschi o a Florencia y me muestren fotos de la cúpula. Esa donde te sacaste la foto. La foto que más me gustó de tu Instagram y que dijiste que era de tus favoritas. Confieso que a mí no me gustaba tanto, porque no se te veían los ojos, que para mí siempre va a ser lo más lindo de tu cara. Me voy a acordar de vos cada vez que alguien me nombre el pueblo del que vinieron tus bisabuelos, cuando piense en negroni, grappa, cynar y todas esas cosas que de un segundo para el otro te llevaban a la borrachera, según vos a hablarme, según yo, a acercarnos. Pero ahora no estás. Y cada cosa que me recuerda a vos me queda y me quema, como si fuera un ardor en el estómago que no se va con nada, que quizá no se vaya nunca. Como todo lo que me recuerda a vos. 

Pasé de no salir de tu chat, a ni siquiera saber cómo estás. Iba a pasar eso, yo sabía, pero esperaba que no. Esta vez sí quería ser la excepción, porque con vos hice todas las excepciones juntas. Esas de las que me había privado toda la vida. Te quise, te quise, te quise tanto... estaba dispuesta a jugármela por vos, por lo que estaba sintiendo por vos, fuera lo que fuera, fuera como fuera, pero me quedé afuera. Estoy destruida y trato de que no se me note. Me duele horrores aunque diga que te superé. Te espero aunque cada día que pasa estamos un poco más lejos. Te estoy olvidando, me estás perdiendo y eso es lo peor. Va a llegar el día, va a llegar un día en el que solo seas un recuerdo y cuando eso pase no vas a ser nada más que eso, ni un amor, ni un dolor, ni un sabor, ni un gusto. Te vas a quedar incrustado en un ataúd, en un recoveco de mi memoria y no vas a salir más. Vas a dejar de dolerme, vas a dejar de moverme. Vas a ser inmóvil. Te habrás ido. Con nuestra historia entre los dedos. 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Red riding hood (o acerca de cómo empezar a usar la copa menstrual)

La primera vez que "me vino" sabía exactamente qué me estaba pasando y por qué. Lo primero que me dio terror fue la idea de no poder controlarlo ni controlarme. La sangre me iba a brotar y me iba a salir no importara lo que hiciera. Todos los meses, todos los p*tos meses, hasta que quedara embarazada o tuviera la menopausia iba a tener que lidiar con esto y tenía que hacerlo de la manera más discreta y menos visible que pudiera. Sangre. Era sangre sí. La misma que veías en las pelis, la misma que te podría salir de cualquier parte del cuerpo, excepto porque esta duraría no de 4 a 12 minutos, sino (mínimo) 4 días al mes. 
Durante casi 20 años interrumpidos (porque en el medio me mudé, me estresé y a mi cuerpo le pasaron cosas que también alteran el ciclo) traté de que la relación con mi periodo fuera lo más pacífica posible. Nunca me dolió estar menstruando, jamás tuve que guardar cama, no me manché en medio de toda la clase, nunca tuve accidentes y ni siquiera manché el colchón, sí. Pero sabía que nos quedaban más cosas por vivir. Todas las mujeres de mi familia hasta entrados los 50 siguieron menstruando y yo no iba a ser la excepción, pero los métodos "tradicionales" me estaban empezando a hartar y fue allí cuando descubrí la copa menstrual.
Hacía varios meses que quería un cambio, no solo por una cuestión de salud o de ambiente sino también por mi presupuesto. Argentina es uno de los países con la tasa más elevada para productos de higiene femenina y, a diferencia de otros países, como Alemania, donde se las ingeniaron para hacer un libro lleno de tampones (sí, los libros pagan menos impuestos que los tampones allí), aquí las cosas no hacían más que aumentar. En agosto de 2020 (momento en el que estoy escribiendo esta nota), una caja de 16 tampones cuesta 250 pesos aproximadamente, en 1 año son 3250 pesos y en los 40 que menstrúa una persona, suponiendo que empieza a los 12 y termina a los 52 son alrededor de 130 mil pesos, eso sin contar la inflación anual. Una copa menstrual, dependiendo de la marca ronda los 2 mil pesos, tiene una vida útil de entre 5 y 10 años y puede estar adentro del cuerpo hasta 12 horas. Las ventajas eran abrumadoras.
No obstante, todo tiene su tiempo. Ponerme un tampón por primera vez me costó meses. En el ambiente en el que vivía estaba muy demonizado, se decía que solo lo podían usar mujeres que no fueran vírgenes, que podías perder las piernas, que era tóxico tenerlo adentro mucho tiempo, que había gente a la que se le había cortado el hilo y habían tenido que salir corriendo a la guardia y mil cosas más. Sin embargo, en el momento que los probé y los usé por primera vez no los largué más. Eran el método más cómodo, más indoloro, inodoro e insípido y me encantaban. Me encantaba no sentir, al menos por cuatro horas, que nada estaba pasando, que mi cuerpo estaba como siempre. ¡Nada más lejos de la realidad!
La menstruación es un proceso biológico, es parte de nosotras, de nuestra vida y de una conexión cuerpo mente que tenemos que empezar a entender como tal, ¿cómo lo haría si nunca estaba en contacto con mi sangre, con lo que pasaba en mi cuerpo que, efectivamente, todos los meses cambiaba? Fue ahí cuando la copa llegó a mi vida, para demostrarme que esa conexión existe, que menstruar no tiene por qué ser un bajón, una tortura o algo para ocultar a rajatabla. Estoy viva y sangro, tengo que ver mi sangre, no puede ser de otra manera. 
Los primeros días, ni siquiera meses de usar la copa, tuve que ver tutoriales. Creía que algo como eso no podría entrar (o salir) y entré en pánico, pero hay cuentas muy buenas en Instagram que tienen videos muy útiles para "encontrarle" la vuelta. Si el primer mes toda la situación se parecía a una peli de Tarantino, para el segundo estaba todo más que controlado. ¿Lo llamativo de la situación?, todos los meses sangramos el equivalente a 4 cucharadas, ¿por qué con otros métodos parecía tanto cuando en realidad no lo es?, ¿quién sabe? Lo que sí sé, es que estoy feliz de haber descubierto este método y estoy convencida de que no lo cambiaría por nada. 

Esta es solo mi experiencia y quería compartirla, pero si tienen dudas o consultas no duden en acudir a unx ginecólogx o buscar asesoramiento profesional. Ci vediamo!

viernes, 28 de agosto de 2020

Tarde

 "Maldita sea la hora". En mi cabeza vuelvo a ese día una y otra vez. Al momento en el que levanté la vista y te vi, te vi y te reconocí. Tenías los ojos más raros que vi jamás, no sé si verdes, azules o qué, pero te vi y supe que vos eras vos y que ibas a ser alguien especial en mi vida (si es que ya no lo eras). Todo empezó con un "te vi" y con los meses siguió, las palabras se convirtieron en diálogos, las noches en madrugadas y los días en semanas. Pero yo había llegado tarde a tu vida y eso era irremediable. Por más que me vieras, por más que te viera, por más que nos reconocimos enseguida, había llegado tarde. "Maldita sea la hora" volví a decir, nunca ibas a ser mío, jamás iba a ser tuya, éramos dos que se conocían pero que jamás coincidirían, como líneas paralelas que viven juntas, pero jamás se tocan. Nos reconocimos enseguida, pero tarde, tarde para vivir nuestra historia, tarde para escribirla. Es tarde para lágrimas. Viviremos el nuestro de nuestras vidas, pero no juntos.