sábado, 14 de marzo de 2015

La interpelación de la experiencia

La tutoría era a las seis. No llego ni a patadas ninja así de puntual. Y diez cuanto mucho va a estar empezando. ¡Y el micro que no pasa!, podría ir caminando, pero hace calor y ya me estoy deshaciendo, derritiendo. Podría, pero no. El chofer del 273 vio mis señas, salvo por el embotellamiento que siempre hay en 54 vamos a ir rápido, creo, espero. Siempre son 20 minutos promedio hasta llegar a la facu. Cuando haga más frío y no llueva seguro que voy a pata. Ahora déjenme así.
Me siento, me fijo en face si hay piblicación y si, el aula es una de las doscientos y pico, esas que huelen a traspiración acumulada y hormonas en pleno verano, que tienen persianas de metal y pupitres sólo para diestros. 
¡Qué cansada que estoy!, ¿voy o no voy?, ¿voy o no voy?, bueno, voy, aunque sea me recreo la vista. El tutor es lindo. 
Me bajo del colectivo. En 49, me gusta pasar por derecho, entrar por la puerta de 47, esas cosas. Subo, estoy traspirando, tengo un paquete de bizcochos a medio comer en una mano y un agua en el otro. Las escaleras se me hacen interminables, pero finalmente llego, atravieso el largo pasillo. La puerta está cerrada, la puerta está cerrada y no veo a nadie, ¿y si entro y no es?, ¿y si nada que ver?
Avanti. Entro. Las filas de adelante están repletas, me quedo al fondo, quiero pasar lo más desapercibida que pueda. Voy al segundo banco, dejo la punta libre, estoy desarmada, pero me rearmo. Adelante está mi tutor y otro más, el que postea siempre, tiene una remera morada sin identificaciones, pero morada. Es obvio.
Po me habla. 
-¿Comisión?
Bajo la vista, la puta madre. No me tenías que hablar, no tenías que hacerme notar que llegué tarde. Son y media. Una amiga está adelante y me saluda, está con algunas chicas más. No me quiero mover.
-Ehhhm, la... siete... 
-Ah, entonces vas con él.
-Es de las mías.
Se ríe. Lo odio un poquito más. le puso "me gusta" a mi foto en la Casa del Pueblo, pero fue a la madrugada, seguro estaba copete. 
Abro el cuaderno. Etkin. El organigrama de la facultad, ¿Qué es una organización?. Esto ya lo sé. Mi vida universitaria tiene más años que el Estadio Único. Pongo los ojos en blanco. Me aburro. Justo en el banco de la fila de adelante hay una calcomanía con la cara de Binner, agarro la lapicera así nomás y con la izquierda y empiezo a escribir "capo", sin mirar a nadie. Estoy terminando de dibujar la o y escucho un "Mejor yo me voy a sentar acá".
No tuve tiempo para reaccionar, un milisegundo después tengo al loco al lado, el sonido el cuerpo casi desplomándose sobre los bancos ochentosos y el chirrido del pupitre que sube y baja es insoportable. Se mueve mucho, pareciera que estuviera manejando sobre el banco. ¡Yo quiero huir! Lo miro de reojo, sin entender nada todavía, me asusta, me intimida, seguro vio que escribía, todavía tengo la lapicera en la mano. Que no me diga nada, que no me diga nada que me muero de vergüenza. Lo miro. ¿Qué es pupila y qué es iris?, tiene la ropa del trabajo, las zapatillas rojas con una línea azul, no se come las uñas, mastica chicle, estamos hace una hora, es un infinit. Va a decir algo, corro la vista, al pizarrón again.
-¿Cómo estás?, ¿te está yendo bien en los test de lectura?, ¿tenés alguna duda con algo? [WTF]
-Eh, no, no parece complicado, todo esto de instituido/instituyente yo ya lo sé, porque me encanta y aparte lo vi en las últimas materias que di en Comunicación Social. 
-Ah, ¿sos periodista che?, mirá vos. [TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO]
 Si las miradas pudieran matar, la que le tiré lo dejaría más muerto que el Raid a los mosquitos.
-NO. Soy comunicadora social.- me mira con cara de "¿y cuál es la diferencia?"- hay dos orientaciones, yo estoy en planificación que tiene que ver con la comunicación organizacional, interna, externa, el periodista es otra cosa.
-Y nada que ver allá con acá, estás en el bando opuesto. no? [TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO]
-NO. Te juro que los odio. Estaba esperando terminar porque la facultad me tenía harta. No podés nada. Te bajan línea todo el tiempo y hasta los proyectos de investigación y de extensión están relacionados con La Walsh-se lo dije como si ya supiera quiénes eran, como si ya lo supiera todo.
-Bueno, quedate tranquila, que nosotros somos distintos, En esta facultad valoramos el esfuerzo, el trabajo, la dedicación, las ganas de participar, así te ganás tu lugar, no a dedo.
Sonrío.
-Buenísimo. No sabés la tranquilidad que me da. (silencio) aparte allá es todo tan corrupto, en los trabajos prácticos aprobás poniendo lo que ellos quieren.
-Ah, mirá vos. No me sorprendería para nada. Ellos tienen otra lógica. Me han contado que hay locos que son ayudantes de materias que no cursaron.
Asiento. El tutor de adelante lo llama.
-Cualquier cosa me preguntás.
WOW.
Y la tutoría siguió, como siguen las cosas que no tienen sentido.  


miércoles, 11 de marzo de 2015

#Video #ChicLit #InMemoriam Jueves I


"Supongo que piensas 'qué chica más tonta', me quiero morir"
Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado, un día especial este 11 de marzo, me tomas la mano, dices que me quieres, llegamos a un túnel que apaga la luz.
Te encuentro la cara gracias a mis manos, me vuelvo valiente y te beso en los labios, dices que me quieres y yo te regalo el último soplo de mi corazón.

Vidas truncadas, ¿cuántas más?.

jueves, 19 de febrero de 2015

Día 1

18 DE FEBRERO DE 2015.
PRIMER DÍA EN LA FACU
PRIMERA CURSADA 
7 A.M.

LA PROFESORA
Estatura media, rubia de rulos, probablemente sea afín a los alisados, se parece a la mina del bebé de Rosemary o una de una película que apuñalaba gente en camisón. En el grupo de whatsapp la ven igual. Está muy bronceada. Habla con un tono demasiado dulce, me da miedo. Quizá sea un lobo vestido de oveja. Quizá el tono dulce sea sólo una apariencia y después en los exámenes nos haga parir. Se levantó temprano, más temprano que yo que llegué tarde. Usa gancho para carteras. No se viste ni muy muy ni tan tan. Esta no es mi primera impresión, ya la vi en las charlas del año pasado. Me asustó ese tono con el que habla. No me terminó de cerrar. ¿Es realmente así de melosa o sólo me está endulzando lo que será una de las cursadas más arduas de toda mi existencia?, ¿me hará debutar en los finales?. Anda entre los cuarentilargos y los cincuenticortos. Fija. 

LA ADJUNTA 1
Más que morocha, morena. Se le nota que fuma más o menos a treinta leguas de distancia. Pensé que había sido yo sola, pero las chicas también le vieron la bombacha. Es un descuido que en una primera impresión causa, valga la redundancia, impresión. Me hace acordar tanto a Anamá Ferreira o como mierda sea que se escriba, que tengo la sensación de que me va a hablar y le va a salir algo en portuñol o en espagués. Muy fuerte. También me hace acordar a mi profesora de Literatura del secundario. Tenía la piel así de seca y las arrugas típicas de un fumador en la comisura de los labios, parecía que iba a escupir tabaco y pronunciaba horrible. Parece no ser ninguna improvisada, es más, creo que aporta la cuota de realismo que quizá la profesora está maquillando. Le doy treintilargos o cuarentipocos.

LA ADJUNTA 2
Bronde. Cara de Sophie Ellis Bextor o plato volador o galleta. Me hace acordar a Malena Pichot, no sé si por el corte de pelo, las trabitas o la ropa, tiene un estilo bastante más descontracturado que las otras dos, pero no por eso demasiado informal o fuera de lugar. Para el grupo de WA es ET. No sé por qué, pero me cae bien. No parece estar tan lejos de lo que somos nosotras y parece ser más comprensiva que las dos anteriores, pero no por eso boluda. Es más, creo que hasta tiene pinta de nerd en recuperación. Es empleada pública, ¿será oficialista también? Hace chistes, una buena, trata de descontracturar con alguna que otra broma, mejor, si tenemos que dar algún oral, puede que ayude a romper el hielo, o sea la que "se banca los trapos" Treinticortos tiene, o unos veinti muy largos.

EL TUTOR
Es Daniel el Travieso con filtro en negativo. Mismo corte, ojos negrísimos y arrugas de haberse reído mucho y haber dormido poco. Trabaja en una financiera dice, me lo re imagino entre algodones de azúcar en una publicidad de Pampers o en una oficina que de tan cheta ya es descontracturada. Igual siento que destila pueblo. Muy contradictorio todo. Hasta la relación apellido/fenotipo, como con la profe. Noté cierta tensión entre ellos. Pasó el face de entrada y las tutorías son el viernes a la noche, mmmmm-i-a-u. Pero ni fu ni fa. Está sólo una hora y media en la clase así que en el hipotético caso en el que alguna vez le hable va a ser solo para pedirle algo, ¿qué tanto face y clase extra?, me da la sensación de que nunca vamos a hablar de nada más, nada más que Administración 1. Le doy 30 años, clavaditos y bien vividos.
 
LA AYUDANTE ALUMNA
 Rubia e iluminada. El maquillaje no fue suficiente para que se le taparan las ojeras, la cara de dormida no se le puede disimular con nada. Parece piola, pero también se nota que está verde y en ese "está verde" le pueden sobrar o faltar un montón de cosas. Habrá que tomarla con pinzas, de las quirúrgicas. Quizá me deje con el traste en la mano después, who knows.Como es la más joven seguro que también va a ser la más exigente cuando tengan que corregir los test de lectura. Es una profesora en potencia, eso de entrada. No le tengo que adivinar la edad. Cumple 20 este año. Veinte. Veinte.

jueves, 5 de febrero de 2015

#ChicLit Todo y nada

Nunca nos escribimos una carta,
ni la dedicatoria en un libro,
y menos que menos una tarjeta de aniversario.
No tenemos fotos,
ni juntos, ni solos, ni con otra gente,
ni donde nos conocimos,
ni donde nos dijimos adiós.
Nunca nos dijimos "te amo"
ni nos quisimos frente a frente
pero tampoco nos odiamos.
Pasamos tiempo juntos,
horas, días, quizá hasta meses
pero eso no nos hizo estar juntos.
Nos entregamos, fuimos uno,
 nos hicimos y también nos rompimos.
Nos escapamos del mundo por ratitos
nos comunicábamos sin hablar
pero diciéndolo todo
hasta que finalmente agotamos las conversaciones.
No fuimos nada, no éramos nada, no tuvimos nada
y sin embargo, de a ratos creo que fuiste todo
e incluso, que podríamos haber sido todo.


jueves, 8 de enero de 2015

Yo no exageraba

Corría el año 2007 y ni bien empezó tuve que comenzar a prepararme para mi viaje de egresados. Mamá, mi padrino y mi tío habían hecho un esfuerzo entre todos para pagarme religiosamente las cuotas de cada mes, así que cuando por fin me subí al colectivo que me llevaba a Bariloche estaba ansiosa, histérica y en ese estado de "nopuedocreerlomeestoyyendo" que a todos, a los cuarentipico que éramos nos invadía por igual.
Sin embargo, mis planes de disfrutar al máximo cambiaron por completo el mediodía del 8 de enero. Habíamos ido a bailar la noche anterior y un gigantón de dos metros me había pisado el tobillo, tenía un moretón enorme, pero también 17 años y una tozudez marca huevo frito, entonces me la banqué y subí al Cerro Catedral como todos mis compañeros. Una vez que llegué allí me encontré con que no había nieve tanta nieve sino uno que otro cascote de hielo y varias piedras descubiertas. Sin embargo, ver algo de blanco y más que nada sentirlo, en pleno enero, era un privilegio.
Alguien gritó "Chicos, vengan a sacarse las fotos para el cuadro" y fuimos, estaban los camarógrafos pidiendo que nos empezáramos a acomodar mientras algunos seguían jugando con la nieve y otros recién estaban viniendo. Yo me acomodé rápido, me acuerdo, porque sino me ponía adelante difícilmente saldría en las fotos. Me dolía el pie, pero era solamente un pie, ¿qué más daba?
No sé en qué momento fue, no pude reaccionar tampoco, ni pude incorporarme. No supe cómo ni de qué manera, de repente, de estar casi adelante de todo en el montón de gente, pasé a estar abajo. Sí, abajo de un montón de overoles naranja y nada más. Tenía una mano apoyada sobre mi cara y sentí cómo el hielo o la nieve o lo que fuera, me estaba empezando a quemar, eso que estaba tocando estaba tan frío que me quemaba una mano y no veía nada, Estaba boca abajo, con vaya uno a saber cuántas personas arriba mío. Empecé a gritar, grité, grité, grité, con todas mis fuerzas. Había ganado un concurso de gritos hacía unos años, tenía que funcionar. Pero la gente de arriba mío no se movía, no pasaba absolutamente nada. Seguí gritando. Sentí un crujido, la presión sobre mi cabeza era insoportable. Me estaban aplastando y nadie me escuchaba. No me desesperé, o sí. Sólo seguí gritando.
No sé precisar tampoco cuanto tiempo pasó, cuánto pasé yo ahí abajo de todos. Lo único que sé es que apenas salí vi que una mis compañeras que también había quedado abajo de todo, estaba puteando a medio mundo, diciendo a gritos "pensé que me iba a morir pelotudo, estaba abajo de todos y nadie me escuchaba"
-Yo también-dije. Estaba mareada. Alguien me preguntó si estaba bien y me desmayé.
Alguien me tiró agua en la cara, recuperé el conocimiento. Una voz dijo "ja, ¿no estará exagerando?"
El coordinador le respondió "no, se desmayó" y para más inri, en cuanto me incorporé, me empezó a sangrar la nariz.
El otro coordinador, me subió a caballo suyo y me bajó así hasta llegar a la zona de las aerosillas, tiempo después sabría que eso era algo peligrosísimo y que ni siquiera me tendrían que haber movido, pero ya estaba hecho, estoy viva, ni modo.
Me bajaron porque no había médicos ahí arriba, porque recién tuve que llegar al refugio que había más abajo para que alguien me atendiera. Ahí adentro me empezaron a hacer preguntas
-Cómo llegaste hasta acá?
-Caminando.
-¿Cómo que caminando?, ¿eso que tenés en la mano es una ampolla?
-Sí, me quemé con la nieve, quedé con la cara entre mis compañeros y la nieve, puse la mano porque estaba así...
Me pusieron suero y cuando me dormía me volvían a despertar. Ni sabía qué hora era.
Después me llevaron al hospital Regional. En el viaje, una médica me hacía las mismas preguntas que en el refugio,
-Nombre, edad, número de teléfono, documento...
-Gabriela Victoria, 17, 2615030968, 3450...
-¿Qué te pasó?
En el hospital me hicieron tomografías, radiografías y me miraban las fosas nasales para ver de qué lado había sangrado. Me miraban los ojos y evitaban a toda costa que me quedara dormida.
Veía luces y tenía una mosca que no me dejaba quedarme quieta en el tomógrafo. Me dormí, me despertaron.
Recién tipo 7 de la tarde llamaron a mamá, que se estaba yendo a un Congreso. Le dijeron que iba a pasar la noche en el hospital para estar tranquila, porque no tenía nada grave.
-¿Chocazo?-preguntó un médico, el último que vi antes de que me pusieran en una habitación.
Negué con la cabeza.
-¿Qué te pasó?
Le conté.Se limitó a mirarme.
Antes de entrar en la habitación, vi que había carteles con los nombres de los recién nacidos que había en el hospital. Me llamó la atención que todos se llamaran Valentina, Valentín y Valentino. Yo creí que estaba en el área de maternidad, estaba en terapia intensiva.
Los días siguientes me la pasé entre el oftalmólogo, el neurólogo y los clínicos. No era recomendable que tomara alcohol, a los boliches iba de visita, no pude cabalgar o hacer algunas cosas en las excursiones y volví a casa con mitad de la cara violeta (por los moretones) y los globos oculares rojos, porque la presión en la cabeza había sido tan fuerte, que todos los capilares que había en esa zona se reventaron. Al menos eso me dijeron los médicos que vi a la vuelta, ante la atónita mirada de mamá, que no entiende cómo no la llevaron hasta Bariloche. Un médico amigo le dijo que en casos como el mío pasar la noche internada es una medida de precaución, porque no se sabe cómo evolucionan esos casos y muchas veces, hay que descartar hemorragias internas que quizá los exámenes preliminares no muestren.
-Politraumatismo de cráneo con pérdida de conocimiento.-le escuché a decir a una enfermera de las que me atendió en el Regional-la sacaste barata. Con el tiempo entendería por qué.
Todavía me pregunto qué hubiera pasado si no me sangraba la nariz y si mi coordinador no me creía. Pero pasó mucho tiempo y ya no hay "what if...", estoy.

sábado, 20 de diciembre de 2014

#Columna #AlfredoLeuco Illia en Pijama

El sábado, en su glorioso recital, Jairo contó una vivencia estremecedora de su Cruz del Eje natal. Una madrugada su hermanita no paraba de temblar mientras se iba poniendo morada. Sus padres estaban desesperados. No sabían que hacer. Temían que se les muriera y fueron a golpear la puerta de la casa del médico del pueblo. El doctor Arturo Illia se puso un sobretodo sobre el pijama , se trepó a su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los González. Apenas vio a la nenita dijo: “Hipotermia”. “No se si mi padre entendió lo que esa palabra rara quería decir”, contó Jairo. La sabiduría del médico ordenó algo muy simple y profundo. Que el padre se sacara la camisa, el abrigo y que con su torso desnudo abrazara fuertemente a la chiquita a la que cubrieron con un par de mantas. “¿No le va a dar un remedio, doctor?”, preguntó ansiosa la madre. Y Arturo Illia le dijo que para esos temblores no había mejor medicamento que el calor del cuerpo de su padre.

A la hora la chiquita empezó a recuperar los colores. Y a las 5 de la mañana, cuando ya estaba totalmente repuesta, don Arturo se puso otra vez su gastado sobretodo, se subió a la bicicleta y se perdió en la noche. Jairo dijo que lo contó por primera vez en su vida. Tal vez esa sabiduría popular, esa actitud solidaria, esa austeridad franciscana lo marcó para siempre. El teatro se llenó de lágrimas. Los aplausos en la sala denotaron que gran parte de la gente sabía quien había sido ese médico rural que llegó a ser presidente de la Nación. Pero afuera me di cuenta que muchos jóvenes desconocían la dimensión ética de aquél hombre sencillo y patriota. Y les prometí que hoy, en esta columna les iba a contar algo de lo que fue esa leyenda republicana.

Llegó a la presidencia en 1963, el mismo año en que el mundo se conmovía por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y lloraba la muerte del Papa Bueno, Juan XXIII.

Tal vez no fue una casualidad. El mismo día que murió Juan XXIII nació Illia como un presidente bueno. Hoy todos los colocan en el altar de los próceres de la democracia.

Le doy apenas alguna cifras para tomar dimensión de lo que fue su gobierno. El Producto Bruto Interno (PBI) en 1964 creció el 10,3% y en 1965 el 9,1%. “Tasas chinas”, diríamos ahora. En los dos años anteriores, el país no había crecido, había tenido números negativos. Ese año la desocupación era del 6,1%. Asumió con 23 millones de dólares de reservas en el Banco Central y cuando se fue había 363. Parece de otro planeta. Pero quiero ser lo mas riguroso posible con la historia. Argentina tampoco era un paraíso. El gobierno tenía una gran debilidad de origen. Había asumido aquel 12 de octubre de 1963 solamente con el 25,2% de los votos y en elecciones donde el peronismo estuvo proscripto.

Le doy un dato mas: el voto en blanco rozó el 20% y por lo tanto el radicalismo no tuvo mayoría en el Congreso. Tampoco hay que olvidar el encarnizado plan del lucha que el Lobo Vandor y el sindicalismo peronista le hizo para debilitarlo sin piedad. Por supuesto que el gobierno también tenía errores como todos los gobiernos. Pero la gran verdad es que Illia fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores. Por su historica honradez, por la autonomía frente a los poderosos de adentro y de afuera. Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy mas facturan en el planeta: los medicamentos y el petróleo. Nunca le perdonaron tanta independencia. Por eso le hicieron la cruz y le apuntaron los cañones. Por eso digo que a Illia lo voltearon los militares fascistas como Onganía que defendían los intereses económicos de los monopolios extranjeros. El lo dijo con toda claridad: a mi me derrocaron las 20 manzanas que rodean a la casa de gobierno.

Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca mas un presidente hizo lo que el hizo con los fondos reservados: no los tocó. Nació en Pergamino pero se encariñó con Cruz del Eje donde ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política. Allí conoció a don González el padre de Marito, es decir de Jairo. Atendió a los humildes y peleó por la libertad y la justicia para todos.

A Don Arturo Humberto Illia lo vamos a extrañar por el resto de nuestros días. Porque hacía sin robar. Porque se fue del gobierno mucho mas pobre de lo que entró y eso que entró pobre. Su modesta casa y el consultorio fueron donaciones de los vecinos y en los últimos días de su vida atendía en la panadería de un amigo. Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia. Yo tenía 11 años cuando los golpistas lo arrancaron de la casa de gobierno. Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo:
- Pobre de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan.

Y mi viejo tuvo razón. Mucha tragedia le esperaba a este bendito país. Yo tenía 11 años pero todavía recuerdo su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.

Ongania,Vandor,Jairo

viernes, 10 de octubre de 2014

#Ficción ¿La Vida Perfecta? (2010)

MIÉRCOLES, 14 DE JULIO DE 2010

¿La vida perfecta?

Por Victoria Bibiloni
Taller de Comprensión y Producción de Textos I
Año 2010

Fue la noche del 25 de septiembre de 1984 cuando mi vida y mi muerte se transformaron en la misma cosa. “Eso”, tan fétido y tan ahogante, tan violeta y pútrido, irrumpió en mi casa de la nada; se coló por la ventana, y se coló en mi mundo y en la existencia de quienes más amaba; danzó alrededor de la mesa, en la que estábamos mi mamá, mi hermano José y Fernando, mi prometido y sin que se lo pidiéramos ni nada parecido se quedó, para no irse nunca más.
En un principio, los cuatro fuimos presas del pánico. No terminábamos de entender qué era esa cosa intangible y repugnante, pero su sola presencia ya nos asustaba, nos mareaba y nos mantenía inmóviles sobre nuestros asientos. Esperar era lo único que pudimos hacer, lo único que nuestros cuerpos nos dejaron hacer, mientras tanto parecía que “eso” nos olisqueaba, nos analizaba y nos examinaba de la misma forma que un forense analiza a un cadáver.
Finalmente, o mejor dicho, para comenzar, atacó a mi madre; la dejó reducida a restos, inerte, dura, fría, sin alma y sin esa mirada que tantas veces me devolvía la seguridad cuando estaba en peligro, “eso” salió del cuerpo de mi madre y las risas juveniles de mi hermano quedaron aplacadas por mi griterío, a él también se le había metido adentro y lo había absorbido de la misma manera que lo hizo con mi mamá. José se quedó blanco, lívido, tendido en el suelo y en vez de las pupilas melosas que hacían de sus ojos los más cándidos que hubiera visto jamás había un vacío azufroso, podrido y estático.
Sin pensarlo dos veces giré hasta donde estaba mi novio quien me abrazó con todas sus fuerzas, buscaba protegerme y yo trataba de que al menos él se quedara conmigo. Esa cosa nos separó y un frío abismal invadió hasta la última de mis terminaciones nerviosas. Vi como mi chico pasaba por el mismo proceso que mi madre y mi hermano, su cuerpo, quizá ya sin alma, sin esencia, parecía el de un muñeco de trapo y no el de la persona que tanto había amado.
Quise gritar, pedir ayuda, tirarme por un barranco, salir corriendo, golpear a la cosa, fuera lo que fuera, quise hacer muchas cosas, pero no hice nada. Me quedé ahí, inmóvil, incapaz de articular una palabra o de mover un solo músculo… ¿era demasiado fuerte como para irme o demasiado débil como para atreverme a huir? No lo sabía, no lo supe.
“Eso” se llevaba las alma, la vida, el color, el perfume, el sabor… quedaba sólo el estuche, lo más insuficiente y carente de sentido que todos y cada uno de los seres humanos posee, lo inservible…
Seguía inmóvil, mientras el mazacote me examinaba, yo respiraba hondo, pretendía, incluso en un momento así no perder la calma, ¿me habría vuelto loca o lo que experimentaba era producto de toda la adrenalina que me recorría de pies a cabeza? respiré hondo otra vez, el latido de mi corazón me zumbaba en los oídos, se había tornado ensordecedor.
La bruma asquerosa me poseyó y de repente comencé a sentir cómo me comía por dentro, sentí que mis funciones vitales se iban debilitando, que mi respiración era más trabajosa, que el mundo comenzó a darme vueltas, que mi piel empalidecía y que mi existencia como tal se iba apagando, se me nubló el pensamiento y sentí mi último latido… me desvanecí y cerré los ojos.
El resplandor del sol me quemaba, ¿qué día era?, no lo sabía, ¿dónde estaba?, tampoco tenía una idea certera. Recordé los sucesos de la que pensé que había sido la noche anterior, me acordé de “Eso” y observé mi cuerpo; todo, absolutamente todo estaba en su lugar, tenía mis cinco dedos, los brazos y las piernas y tras verme en el espejo, vi que mis ojos seguían siendo azules.
— ¿Se te pegaron las sábanas? — me preguntó mi hermano
— ¿José?, José, estás vivo, ¡estás!.
— ¡Claro que estoy vivo!, ¿pretendés que me muera?
—No, claro que no.
—Bajá a desayunar. Ya mi chica está en la sala y quiero presentártela. Desde hace un par de horas Fernando está aquí, acaba de volver de Tailandia
— ¿Tailandia?
—Sí, cuando te vea no lo va a poder creer. Ya le dijimos, pero no lo puede creer
— ¿Creer qué?
— ¿Te pasa algo?, recordá que no podés beber en tu estado. Levantate que te estamos esperando todos.
Me incorporé en la cama y pude observar a qué se refería mi hermano. Estaba embarazada, embarazadísima… era increíble e imposible. Fernando y yo habíamos decidido adoptar porque en reiteradas ocasiones me habían confirmado que era estéril.
Algo no estaba bien, definitivamente…El día anterior había perdido a mi familia y ahora estaba embarazada, mi novio que volvía de una excursión de Tailandia, el lugar al que siempre quería ir, pero nunca podía llegar, y mi hermano que hacía años penaba por un amor no correspondido estaba por presentarme a su novia…
Si el día anterior me había aterrado, ahora más. ¿Cuál era la verdad?, ¿estaban todos bien y el sueño era “Eso”? ¿O todo estaba mal y la bruma me producía aquellos sueños de una realidad perfecta?
—Esto es increíble, amor— musitó mi prometido.
— Hija, vamos a desayunar antes de que Osvaldo se vaya de cacería.
¿Osvaldo? Osvaldo era el amor de juventud de mi mamá, ¿cómo podía ser que él estuviera allí también?, ¿cómo podía ser que él estuviera viviendo en mi casa y no con su esposa e hijos?, ¿cómo podíamos estar y ser todos teniendo tal grado de perfección en nuestras vidas?
— ¿Qué está pasando? — Pregunté— ¿dónde estamos?
—Amor, ¿Qué te pasa?, ¿tanto me extrañabas? — preguntó Fernando nervioso
—Sí, te extrañé mucho— me acerqué hacia él y le di un abrazo. Su cuerpo estaba helado y su piel nívea… no parecía él. No era él.
Sonreí y el resto de mi familia me devolvió la sonrisa. Cuando levanté la vista vi que los cuatro pares de ojos que tenía a mi alrededor estaban cubiertos de un fulgurante brillo violeta. Bajé la vista y vi otro par de luces violeta que procedían de mi abdomen.
—Es un varón— me aseguró mi novio. —Se llamará Fidel, como mi padre.
Todos rieron otra vez.