viernes, 20 de noviembre de 2015

Con las tripas

A los 18 años tuve la obligación de votar por primera vez. Para mamá fue un acontecimiento hasta más importante que para mí, porque bueno, la primera de sus hijos ya era casi mayor de edad (en esa época la mayoría absoluta era a los 21 todavía). Gracias a ella y en menor medida a mi papá, yo nunca fui una analfabeta política. Desde muy chica me contaron sobre lo importante que es vivir en democracia y poder elegir a quiénes te van a representar. "Tener un sistema de gobierno en el que no sólo con tu voto sino con tus acciones o tu participación aportes tu granito de arena para definir el futuro del país es un hecho trascendente" me dijeron alguna vez. 
En esas presidenciales donde electoralmente debuté, metí la boleta entera del que cada día más, y después de largas idas y venidas, considero que es mi partido. A nivel comunal la intendencia era muy buena, tanto que hoy, ese intendente al que le di mi primer voto, hoy es el gobernador de Mendoza, cosa que me encanta y me enorgullece, porque su gestión fue, desde que tengo memoria una de las mejores.
Dos años después de esas elecciones, en las que mi candidato quedó tercero, una vez más, metí boleta entera del partido. En ese momento fue algo controvertido. Era un año complicado, con los efectos colaterales de la "no positividad" encima y el deseo ferviente de que el próximo gobierno cambiara de sello. En la provincia el partido arrasó, pero dos años después, el panorama político era distinto.
El partido estaba en un frente, el gobierno de turno, ya se jactaba de ser el Estado ("El Estado Soy Yo") y nuevamente, el otro partido, ese que no voté nunca, arrasaba en las urnas. Mamá siempre consideró que re-re-reelección de un candidato no era democrática, papá al igual que en 2003, seguro atinaba a decir que "cada pueblo tiene el gobierno que se merece". Yo no voté, no pude. Mi vida había dado un giro de 360 grados y ya me encontraba en La Plata. No gobernaba nadie de mi partido, la provincia, la Nación y la comuna destilaban elotropartidismo. La misma historia en 2013.
Llegó 2015. Lo empecé en Mar del Plata, en el cierre de campaña de un candidato que acompañaban mi partido y varios ideológicamente muy cercanos. No era casual que fuera en Mar del Plata ni era casual que yo me encontrara allí terminando de definir mi identidad política. Lejos de casa, lejos de cualquier otra historia, habiendo terminado de cursar en una facultad donde las ideas no se matan, pero se amordazan y con la conciencia y la convicción de que el cambio esta vez sí podía ser posible, empecé a emocionarme con la idea de volver a votar, de sentir lo lindo que es vivir en democracia y poder pelearla día tras día. 
Entre febrero y marzo, las noticias vinieron como un sacudón, todas juntas, como una de esas olas que te da vuelta y no tenés la más pálida idea de dónde te deja parada. El candidato incómodo, ese que no le convenía a nadie, se bajó. El partido, mi, estaba quedando a la deriva y vio dentro de un frente la posibilidad de tomar un salvavidas que lo catapultara a las grandes ligas una vez más. Los resultados le dieron la razón, por más que varios militantes todavía sangrasen-y sangren-por la herida. Nadie niega que pueda ser una oportunidad para que en las próximas elecciones, el pueblo merezca tener un buen gobierno. Queriendo o no, hace ocho años fui orgánica votando al candidato que habían llevado, esta vez, también lo soy, con el dolor de no haber podido encontrar una alternativa, pero con todas las ganas para poder, de acá a las próximas elecciones, poder contribuir a construirla. 

domingo, 8 de noviembre de 2015

Sumatoria

Total parcial: estoy jodida y radiante. Total general: te amo tanto que aunque no te amara sería imposible odiarte. Una no elige. Cortázar tenía razón. Benedetti tenía razón. Todos tenían razón. El amor es ciego, la locura su lazarillo. Hoy, para variar soñé con vos. Te amo, te deseo, te quiero, te todo. Sueño con vos, dormida y despierta, pero de todas maneras estás. Cuento horas, minutos y ovejas hasta que te veo, pero lo más importante siempre será que cuento con vos, no hasta uno, ni hasta mil, sino hasta el infinito, así, hasta el infinito con vos. Y esto no es parcialidad, te amo todo, con lo bueno y lo malo, pero todo.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Clima Electoral II-- Elecciones Estudiantiles

El teléfono marca las 18:58, vas por 48 con los minutos contados, doblás en 6. Facultad de Ciencias Económicas. Ves remeras moradas y amarillas desde esa esquina hasta la de 47, te agarrás de una de las barandas, tomás impulso y subís por las escaleras. La última vez que viste tanta gente en la puerta fue durante el ingreso, allá por febrero, cuando sabías que subir esas escaleras implicaba el comienzo de una nueva etapa de tu vida que marcaría también, como mínimo, los cinco años siguientes.
Llegaste a la puerta. Ya sabés o suponés que la cantidad de la gente que viste es sólo el 1% de lo que hay adentro. Se te pueden hacer las siete, las siete y cinco y no te importa, tenés la excusa: "estoy escuchando las propuestas de los candidatos del CECE, perdón por la demora". Ninguna elección se puede tomar a la ligera, ni siquiera dentro de una facultad. Tener quién te represente tanto en ideología como dentro y fuera del ámbito académico es importantísimo. Tu voto es el que hace la diferencia y puede definir un sinfín de cosas a lo largo de toda tu vida académica.
Se me acerca una chica.
-Hola, te puedo dejar un volante de...?
-Sí, sí, dale, dale, dale, dale...
El volante es claro, concreto, conciso. No se necesitan de grandes palabras para demostrar hechos. Hay quien dijo que al hacerlas, las cosas se dicen solas, este es el caso. No necesitás devanarte los sesos en escribir cosas que quizá nadie lea o por falta de tiempo o por falta de interés. Demostrá que hiciste, esa es tu mejor carta de presentación.
Si agarrás un volante de una agrupación, es casi seguro que al ver tu reacción, los de otras fuerzas también se te acerquen.
-Buenas tardes compañera, te puedo contar sobre nuestras propuestas para el 2016 sobre...-dice un militante que parece tener todo el tiempo del mundo en ese pasillo en el que el resto de la gente va a mil.
"Compañera", "compañera", "compañera", compañera se volvió algo tan trillado, tan usado que prácticamente ya perdió su sentido original, es chocante que te lo digan y que de esa forma quieran incluirte dentro de un grupo del que no querés o no te interesa ser parte.
-Disculpame, está todo más que bien con vos, pero no soy tu compañera. Te acepto el volante, sí, Lo voy a leer.
Mientras sigo mi camino por el pasillo lo miro muy por arriba, la estrategia es simple; la agrupación que representaba el pibe se compara con otra, saca sus supuestos trapos sucios y da cuenta de ese manejo antinómico básico que pone al potencial elector en una disyuntiva "o con nosotros o con ellos" y "sin querer queriendo", pretende polarizar la elección entre dos agrupaciones, cuando en realidad existen otras dos con las que podrían, en un hipotetiquísimo caso disputar la minoría en el consejo directivo.
Voy hasta la escalera principal de la facultad, después del primer piso, casi no hay militantes, nadie en su sano juicio subiría tanto por escaleras, supongo.
-Vicky...
-Dámelo, lo leo después...
Una conocida me da el volante de su agrupación, sabe que no los voy a votar, pero que sí los leo, para ver qué dicen. Ninguna elección es completa sino escuchaste todas las campanas y todas las propuestas. Hacerlo te sirve también para convencerte de a quién vas a votar y a quién no votarías nunca.
Llego al aula 19:06. Ni bien llegue a casa, con la cena ya servida, me pondré a leer qué dicen los candidatos, pero pese a todo, ya tengo mi voto definido.

domingo, 4 de octubre de 2015

Cuando las casualidades no existen

"Puedo contar hasta el infinito", así empieza "La Lección" de Ionesco. La primera vez que escuché la frase fue durante una miniserie española, una alumna que mantenía una relación fortuita con su profesor la utilizó para darle a entender que lo podía esperar para siempre.
"Puedo contar hasta el infinito" dije este año, por otros motivos, que ahora quizá no vengan al caso... o sí.
Hace cincuenta y cinco años, mi abuelo, creador de la escuela de teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo estrenó esa obra en el acto de colación de grados de esa casa de altos estudios.
Nunca nos conocimos.
Pero al parecer, no nos desconocemos.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Quizá sea la memoria

En 2011, durante una clase de Textos II, a modo de encuesta, el profesor nos preguntó qué nos acordábamos de 2001, sin especificar a qué fecha se refería. Se cumplían 10 años del 11-S, pero también, del 20 de diciembre. La mayoría del curso, cuando sucedieron esos acontecimientos, tenía entre 9 y 11 años de edad.
Todos recordamos con lujo de detalles el 11-S. Algunos sabían horas, números de vuelos, trayectorias, nombres, cuántos aviones habían sido, que los pasajeros habían podido llamar a sus casas, que había una conexión con el número 11, que Bradbury se enojó con Michael Moore por el documental, que Bin Laden estaba muerto...
Sobre el 20 de diciembre, todos coincidimos en la misma imagen: De la Rúa yéndose en helicóptero. Sólo eso era algo que recordábamos todos. Un par se acordó la plaza, otros los saqueos y yo de la rudimentaria explicación de mis viejos sobre qué era el Estado de Sitio.
--Me preocupa-concluyó el profesor--Se acuerdan más de lo que pasó a 10 mil kilómetros que lo que pasó acá nomás.
Hace seis meses, cuando se cumplieron 11 años del 11-M le preguntaron a los españoles qué se acordaban de ese día. Muchos no supieron que responder y algunos, inclusive se confundían ese día con el 11-S.
Parecería ser que cuanto más ajena es una realidad, más nos la muestran los medios y cuanto más nos la muestran los medios, más la recordamos. Yo me acuerdo de los saqueos que vi por televisión, pero por más que haga memoria no me puedo acordar que a cinco cuadras de mi casa también estaban saqueando un supermercado.
Quizá haya algo que nos esté andando mal...

viernes, 4 de septiembre de 2015

#ChicLit #2008 Me pasa, me pasa así

Pólvora y Nitroglicerina

¿Tanto te iba a querer pendejo?, ¿cómo no me lo advertiste?, ¿cómo me dejaste?, ¿cómo me lo permitiste? Es que nunca estuviste en mis planes, es que yo no te esperaba, al menos no así, en ese momento, ni en ningún otro. Sos un accidente geográfico, mi error favorito, el imprevisto que le surge a todas las adivinas de medio pelo, la opción que nadie nunca jamás marcaría en un multiple choice. Todo eso junto y más, pero de un modo u otro te elegí.
¿Era necesario que me partieras la cabeza de ese modo?, ¿era necesario que me atravesaras el mundo de esa forma… de todas las formas? Soy una estúpida, me dejé llevar. Una discusión me llevó a pensar en argumentos para la siguiente, una charla me enseñó a entenderte hasta en silencio y una broma a reírme sola por la calle, acordándome de vos. En el momento en que me senté, me relajé y caí en la cuenta de lo que estaba pasando ya me tenías hasta las manos, la ínfima parte de azul que tengo en el ojo izquierdo, todas mis manchas y la uña del dedo meñique. ¿Cómo desenredarme si estaba atrapada por todos los frentes?
Sigo sin entenderlo, es gastar tiempo encontrarle lógica a todo esto, como si se le pudiera encontrar coherencia, pies, cabeza, columna y el resto, fuere lo que fuere. Me pasa, me pasa así, me desordena, me vuelve a ordenar, me fragmenta y me une constantemente, me todo.
¿Cómo pudiste?, ¿cómo carajo te metiste así en mi vida?, invasivo, intruso, ni cuando sueño te me vas. ¿algún día me vas a devolver a mí?, ¿nunca vas a dejar de ser una parte de mi yo?
¡Qué plaga!, ni siquiera el mosquito ese que no te deja dormir se siente tanto. Sos insoportable. Ni sé cómo te banco... ¿Tanto me ibas a afectar?, ¿tan poco me ibas a dejar dormir?, ¿tanto me ibas a despertar?
¿Y cómo saber de qué manera sigue esto?, ¿cómo saberlo? si lo único que sé desde que te conocí es que ya no te quiero desconocer más. Pólvora y nitroglicerina... Chocamos hasta rompernos y nos juntamos hasta rehacernos, nos caemos por escaleras caracol en subida, nos decimos blanco, pensamos negro y actuamos rojo, jugamos a la ruleta rusa de las reacciones, nos dinamitamos al mirarnos y le buscamos perpendiculares a lo paralelo. ¿Somos tanto?, ¿seremos tanto?, ¿serás para tanto?... y sí. Gracias por tanto.
Un cadáver de mi cuenta de Myspace- 2008.

martes, 25 de agosto de 2015

#Conferencia #MartínLousteau ¿Crisis dónde?

"De un tiempo a esta parte una de las cosas que está ocurriendo es que la economía argentina no está aumentando su productividad (...). La productividad total de los factores no aumenta en Argentina casi en las últimas cuatro décadas, a excepción de algunos episodios puntuales. Detrás de esto, para mí hay algo mucho más grave que es que lo que no aumenta su productividad hace mucho tiempo y de hecho está perdiendo productividad es el sector público, es el Estado. (...)
Cuando el Estado tiene 45 puntos del Producto, pero no me brinda salud, seguridad o educación, el mercado extrae recursos para otros fines para brindar salud, seguridad y educación. Salud, una prepaga, se transforma en un buen negocio; educación, un colegio se puede transformar en un buen negocio y seguridad de distintas maneras, la más obvia es un barrio cerrado, la más obvia es una garita, pero hay otras, como lo es la discriminación que hace el mercado por los precios de la vivienda dependiendo de si la zona es segura o es insegura. Estas son maneras en las que uno ve la duplicación de las responsabildades entre el Estado y el Mercado y toda esta duplicación atenta contra la productividad total. (...)
Tenemos este problema de un Estado que pierde productividad y que lo expandimos de manera tal, en muchos casos también ha habido mucho aumento de la presión tributaria, lo expandimos con un sistema tributario que confabula con que aumentemos la productividad y después con un montón de cuestiones que en su (in)sostenibilidad lo que generan es incertidumbre en mediano y largo plazo que también atentan con que aumentemos la productividad. Esas son las cosas que generan las crisis y las crisis retroalimentan el problema. Cuando viene la crisis, la última manifestación de la crisis o generalmente el ojo tiene que ver con lo último, la asignación de responsables (...) tiene que ver con quien en ese momento está a cargo en lugar de poder ver la acumulación de los problemas y adjudicar adecuadamente las responsabilidades, pareciera que no aprendemos del inconveniente. Cuando lo único que hacemos es desde el punto de vista político es seguirle el curso a lo que dice la sociedad en este sentido, nos equivocamos no sólo en la construcción del discurso sino en el establecimiento del diagnóstico."
Martín Lousteau en la Facultad de Ciencias Económicas.