miércoles, 21 de octubre de 2015

Clima Electoral II-- Elecciones Estudiantiles

El teléfono marca las 18:58, vas por 48 con los minutos contados, doblás en 6. Facultad de Ciencias Económicas. Ves remeras moradas y amarillas desde esa esquina hasta la de 47, te agarrás de una de las barandas, tomás impulso y subís por las escaleras. La última vez que viste tanta gente en la puerta fue durante el ingreso, allá por febrero, cuando sabías que subir esas escaleras implicaba el comienzo de una nueva etapa de tu vida que marcaría también, como mínimo, los cinco años siguientes.
Llegaste a la puerta. Ya sabés o suponés que la cantidad de la gente que viste es sólo el 1% de lo que hay adentro. Se te pueden hacer las siete, las siete y cinco y no te importa, tenés la excusa: "estoy escuchando las propuestas de los candidatos del CECE, perdón por la demora". Ninguna elección se puede tomar a la ligera, ni siquiera dentro de una facultad. Tener quién te represente tanto en ideología como dentro y fuera del ámbito académico es importantísimo. Tu voto es el que hace la diferencia y puede definir un sinfín de cosas a lo largo de toda tu vida académica.
Se me acerca una chica.
-Hola, te puedo dejar un volante de...?
-Sí, sí, dale, dale, dale, dale...
El volante es claro, concreto, conciso. No se necesitan de grandes palabras para demostrar hechos. Hay quien dijo que al hacerlas, las cosas se dicen solas, este es el caso. No necesitás devanarte los sesos en escribir cosas que quizá nadie lea o por falta de tiempo o por falta de interés. Demostrá que hiciste, esa es tu mejor carta de presentación.
Si agarrás un volante de una agrupación, es casi seguro que al ver tu reacción, los de otras fuerzas también se te acerquen.
-Buenas tardes compañera, te puedo contar sobre nuestras propuestas para el 2016 sobre...-dice un militante que parece tener todo el tiempo del mundo en ese pasillo en el que el resto de la gente va a mil.
"Compañera", "compañera", "compañera", compañera se volvió algo tan trillado, tan usado que prácticamente ya perdió su sentido original, es chocante que te lo digan y que de esa forma quieran incluirte dentro de un grupo del que no querés o no te interesa ser parte.
-Disculpame, está todo más que bien con vos, pero no soy tu compañera. Te acepto el volante, sí, Lo voy a leer.
Mientras sigo mi camino por el pasillo lo miro muy por arriba, la estrategia es simple; la agrupación que representaba el pibe se compara con otra, saca sus supuestos trapos sucios y da cuenta de ese manejo antinómico básico que pone al potencial elector en una disyuntiva "o con nosotros o con ellos" y "sin querer queriendo", pretende polarizar la elección entre dos agrupaciones, cuando en realidad existen otras dos con las que podrían, en un hipotetiquísimo caso disputar la minoría en el consejo directivo.
Voy hasta la escalera principal de la facultad, después del primer piso, casi no hay militantes, nadie en su sano juicio subiría tanto por escaleras, supongo.
-Vicky...
-Dámelo, lo leo después...
Una conocida me da el volante de su agrupación, sabe que no los voy a votar, pero que sí los leo, para ver qué dicen. Ninguna elección es completa sino escuchaste todas las campanas y todas las propuestas. Hacerlo te sirve también para convencerte de a quién vas a votar y a quién no votarías nunca.
Llego al aula 19:06. Ni bien llegue a casa, con la cena ya servida, me pondré a leer qué dicen los candidatos, pero pese a todo, ya tengo mi voto definido.

domingo, 4 de octubre de 2015

Cuando las casualidades no existen

"Puedo contar hasta el infinito", así empieza "La Lección" de Ionesco. La primera vez que escuché la frase fue durante una miniserie española, una alumna que mantenía una relación fortuita con su profesor la utilizó para darle a entender que lo podía esperar para siempre.
"Puedo contar hasta el infinito" dije este año, por otros motivos, que ahora quizá no vengan al caso... o sí.
Hace cincuenta y cinco años, mi abuelo, creador de la escuela de teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo estrenó esa obra en el acto de colación de grados de esa casa de altos estudios.
Nunca nos conocimos.
Pero al parecer, no nos desconocemos.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Quizá sea la memoria

En 2011, durante una clase de Textos II, a modo de encuesta, el profesor nos preguntó qué nos acordábamos de 2001, sin especificar a qué fecha se refería. Se cumplían 10 años del 11-S, pero también, del 20 de diciembre. La mayoría del curso, cuando sucedieron esos acontecimientos, tenía entre 9 y 11 años de edad.
Todos recordamos con lujo de detalles el 11-S. Algunos sabían horas, números de vuelos, trayectorias, nombres, cuántos aviones habían sido, que los pasajeros habían podido llamar a sus casas, que había una conexión con el número 11, que Bradbury se enojó con Michael Moore por el documental, que Bin Laden estaba muerto...
Sobre el 20 de diciembre, todos coincidimos en la misma imagen: De la Rúa yéndose en helicóptero. Sólo eso era algo que recordábamos todos. Un par se acordó la plaza, otros los saqueos y yo de la rudimentaria explicación de mis viejos sobre qué era el Estado de Sitio.
--Me preocupa-concluyó el profesor--Se acuerdan más de lo que pasó a 10 mil kilómetros que lo que pasó acá nomás.
Hace seis meses, cuando se cumplieron 11 años del 11-M le preguntaron a los españoles qué se acordaban de ese día. Muchos no supieron que responder y algunos, inclusive se confundían ese día con el 11-S.
Parecería ser que cuanto más ajena es una realidad, más nos la muestran los medios y cuanto más nos la muestran los medios, más la recordamos. Yo me acuerdo de los saqueos que vi por televisión, pero por más que haga memoria no me puedo acordar que a cinco cuadras de mi casa también estaban saqueando un supermercado.
Quizá haya algo que nos esté andando mal...

viernes, 4 de septiembre de 2015

#ChicLit #2008 Me pasa, me pasa así

Pólvora y Nitroglicerina

¿Tanto te iba a querer pendejo?, ¿cómo no me lo advertiste?, ¿cómo me dejaste?, ¿cómo me lo permitiste? Es que nunca estuviste en mis planes, es que yo no te esperaba, al menos no así, en ese momento, ni en ningún otro. Sos un accidente geográfico, mi error favorito, el imprevisto que le surge a todas las adivinas de medio pelo, la opción que nadie nunca jamás marcaría en un multiple choice. Todo eso junto y más, pero de un modo u otro te elegí.
¿Era necesario que me partieras la cabeza de ese modo?, ¿era necesario que me atravesaras el mundo de esa forma… de todas las formas? Soy una estúpida, me dejé llevar. Una discusión me llevó a pensar en argumentos para la siguiente, una charla me enseñó a entenderte hasta en silencio y una broma a reírme sola por la calle, acordándome de vos. En el momento en que me senté, me relajé y caí en la cuenta de lo que estaba pasando ya me tenías hasta las manos, la ínfima parte de azul que tengo en el ojo izquierdo, todas mis manchas y la uña del dedo meñique. ¿Cómo desenredarme si estaba atrapada por todos los frentes?
Sigo sin entenderlo, es gastar tiempo encontrarle lógica a todo esto, como si se le pudiera encontrar coherencia, pies, cabeza, columna y el resto, fuere lo que fuere. Me pasa, me pasa así, me desordena, me vuelve a ordenar, me fragmenta y me une constantemente, me todo.
¿Cómo pudiste?, ¿cómo carajo te metiste así en mi vida?, invasivo, intruso, ni cuando sueño te me vas. ¿algún día me vas a devolver a mí?, ¿nunca vas a dejar de ser una parte de mi yo?
¡Qué plaga!, ni siquiera el mosquito ese que no te deja dormir se siente tanto. Sos insoportable. Ni sé cómo te banco... ¿Tanto me ibas a afectar?, ¿tan poco me ibas a dejar dormir?, ¿tanto me ibas a despertar?
¿Y cómo saber de qué manera sigue esto?, ¿cómo saberlo? si lo único que sé desde que te conocí es que ya no te quiero desconocer más. Pólvora y nitroglicerina... Chocamos hasta rompernos y nos juntamos hasta rehacernos, nos caemos por escaleras caracol en subida, nos decimos blanco, pensamos negro y actuamos rojo, jugamos a la ruleta rusa de las reacciones, nos dinamitamos al mirarnos y le buscamos perpendiculares a lo paralelo. ¿Somos tanto?, ¿seremos tanto?, ¿serás para tanto?... y sí. Gracias por tanto.
Un cadáver de mi cuenta de Myspace- 2008.

martes, 25 de agosto de 2015

#Conferencia #MartínLousteau ¿Crisis dónde?

"De un tiempo a esta parte una de las cosas que está ocurriendo es que la economía argentina no está aumentando su productividad (...). La productividad total de los factores no aumenta en Argentina casi en las últimas cuatro décadas, a excepción de algunos episodios puntuales. Detrás de esto, para mí hay algo mucho más grave que es que lo que no aumenta su productividad hace mucho tiempo y de hecho está perdiendo productividad es el sector público, es el Estado. (...)
Cuando el Estado tiene 45 puntos del Producto, pero no me brinda salud, seguridad o educación, el mercado extrae recursos para otros fines para brindar salud, seguridad y educación. Salud, una prepaga, se transforma en un buen negocio; educación, un colegio se puede transformar en un buen negocio y seguridad de distintas maneras, la más obvia es un barrio cerrado, la más obvia es una garita, pero hay otras, como lo es la discriminación que hace el mercado por los precios de la vivienda dependiendo de si la zona es segura o es insegura. Estas son maneras en las que uno ve la duplicación de las responsabildades entre el Estado y el Mercado y toda esta duplicación atenta contra la productividad total. (...)
Tenemos este problema de un Estado que pierde productividad y que lo expandimos de manera tal, en muchos casos también ha habido mucho aumento de la presión tributaria, lo expandimos con un sistema tributario que confabula con que aumentemos la productividad y después con un montón de cuestiones que en su (in)sostenibilidad lo que generan es incertidumbre en mediano y largo plazo que también atentan con que aumentemos la productividad. Esas son las cosas que generan las crisis y las crisis retroalimentan el problema. Cuando viene la crisis, la última manifestación de la crisis o generalmente el ojo tiene que ver con lo último, la asignación de responsables (...) tiene que ver con quien en ese momento está a cargo en lugar de poder ver la acumulación de los problemas y adjudicar adecuadamente las responsabilidades, pareciera que no aprendemos del inconveniente. Cuando lo único que hacemos es desde el punto de vista político es seguirle el curso a lo que dice la sociedad en este sentido, nos equivocamos no sólo en la construcción del discurso sino en el establecimiento del diagnóstico."
Martín Lousteau en la Facultad de Ciencias Económicas.

lunes, 24 de agosto de 2015

#ChicLit Los últimos diez minutos

17:50, son sólo diez minutos los que dividen mi vida, la entrada y la salida, la libertada y la esclavitud, lo que hago y lo que realmente quiero hacer.
Diez minutos, 600 segundos que pasan más lento que las 5 horas 50 minutos anteriores en las que hice de todo, pero simultáneamente, siento que no hice nada.
Veo el teléfono, juego dos partidos de Tetris, gano, porque, ¿cuándo no?... y el tiempo sigue sin pasar.
Llega gente, llega la gente, "dame tal cosa", "cargame crédito", "¿SUBE tenés?", sí, sí, sí... lo que no tengo es cambio. Es fin de mes, pero a todo el mundo se le está dando por pagar con billetes de cien, me dejan en la lona o haciendo malabares para cerrar la caja. ¿De todo esto se trata la vida de los adultos?
Caigo en la cuenta, no es que a la gente se le haya dado por pagar con billetes de cien, es que está todo tan caro que ya los Roca/Ev*ta son el papel más común y corriente.
No pasaron ni cinco minutos. ¿Por qué internet anda tan mal acá adentro?, no sé nada del mundo y lo que es peor, no sé nada de mi mundo. ¿No era que nada aceleraba tanto el tiempo como la felicidad?, bueno, es obvio que me pone feliz terminar el día, saber que mañana tengo franco y que en un rato tengo una conferencia deputamadre, ¿por qué el tiempo no pasa más rápido?
Vuelvo a jugar al Tetris y vuelvo a ganar, es irremediable, los vicios y los hábitos se desarrollan en la misma parte del cerebro y ya no sé si jugar esto, porque lo hago desde que tengo memoria, en los viejos gamebox, es un vicio o si simplemente estoy tan acostumbrada que ya lo convertí en hábito.
¡Qué miedo que me da la palabra acostumbramiento!, la relaciono inmediatamente con comodidad, zona de confort, laxitud e irremediablemente con inmovilidad, pereza. Acá el único perezoso parece ser el tiempo, la vida tiene que ser movimiento constante. Si no me muevo me muero y mientras no me muera me voy a seguir moviendo.
17;58, vamos a hacer la caja. 2,4,6,8, 10, 12, 14...
-Nena, ¿todo bien?
-Sí, acá lidiando con los números en el límite entre la libertad.
-Cierto que son las seis... y ahora que veo, este lugar parece una jaula, pero vos nunca fuiste un pajarito.
Me río.
-Hay gente que por más que esté entre rejas siempre es libre. Esta barrera es física y sólo por seis horas, el resto de mí, nunca dejará la calle.
Son las seis. Tiro las llaves a través de la puerta y alguien más las junta y me abre. Junto mis cosas, salgo y enjaulo al que sigue. Todos tenemos un poco el Síndrome de Estocolmo y después seguimos caminando.


sábado, 22 de agosto de 2015

#Video #DaríoSztajnszrajber Pasiones vs. presiones

2015. Año electoral. Año de cambios, los que queremos, los que buscamos y los que nunca imaginamos estar presenciando. Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir y precisamente por eso, no podemos hacer la vista gorda ante lo que está ocurriendo en la política argentina. Uno como militante, como defensor de una matriz social y cultural comienza a cuestionarse qué rol cumple ante un contexto tan cambiante como el visible en este año y hacia dónde va mientras sus convicciones y sus ideales lo mantengan dentro de un partido político, movimiento o agrupación de trabajadores o estudiantil.
El episodio titulado "La Política" del programa Mentira La Verdad conducido por el filósofo Darío Sztajnszrajber (Estainsraiber, pronunciado debidamente) emitido el año pasado, se plantea de un modo que actualmente podría tornarse hasta visionario, como lo político como componente esencial de la sociedad y la política como esfera de poder han ido mutando en pos de intereses de unos pocos, que no siempre representan y rescatan los principios que fundaron los espacios de militancia que conocemos y que terminan por hacer que la democracia degenere en demagogia.
La analogía representada a través de la venta del programa a una productora en Miami que lo transformará en Philosophy Now y le hará tener más publicidades que contenido cultural da cuenta de la vacuidad que puede observarse en cuanto a la conformación de los frentes electorales actuales, que en la carrera por cargos dentro de los gobiernos nacional, provincial y municipal generan una suerte (o mejor dicho desgracia) de travestismo dentro del que un militante se queda sin alternativas para ejercer una actividad que debería obedecer más a las pasiones que a las presiones.
"Una fusión no es lo mismo que una absorción" plantea el filósofo ante la negativa de los directivos de Miami de cederle el espacio a la cultura por unos segundos más de publicidad; que dos o más partidos hagan un frente, en el mismo sentido, no debería por consiguiente implicar que se desdibujaran o mutaran para uno u otro lado de la balanza las ideas de quienes representan cada uno de ellos.
El sistema democrático de por sí, plantea que no sea el pueblo quien gobierne sino sus representantes, escogidos por los mecanismos eleccionarios pertinentes y es también en esa representación que se generan disyuntivas. ¿Verdaderamente quienes fueron electos representan los intereses de quienes los votaron o priorizan los suyos propios?
Las personas son mucho más volátiles que las ideas y precisamente por eso existe una línea cada vez más delgada entre lo que es una pasión y una presión, lo que puede ser la política como herramienta para transformar la realidad y el marketing político y lo que puede ser la democracia como una libertad, una garantía y un derecho o su mero acotamiento al acto eleccionario per se.
Hoy, en agosto de 2015 no es sólo la política la que entró en crisis, sino que los demás aparatos ideológicos del estado, sus instituciones, también lo están haciendo. Ni la educación, ni la familia, ni la escuela, ni lo jurídico, lo sindical ni la cultura están exentas de transformaciones que implican replantearse y rever qué rol cumplimos en cada una de ellas.
Militar, tiene que seguir siendo funcional a las pasiones, porque la experiencia democrática, la política en sí, tiene que sentirse. Si somos coherentes con lo que sentimos no necesitamos devanarnos los sesos pensando en qué hacer y qué decir; al sentirlas, al llevarlas a acciones, las cosas se dicen solas. Como militantes, la situación actual nos plantea la búsqueda constante de un equilibrio entre lo que llegamos a ser, lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser: tenemos que mantener los principios, las convicciones y las ideas que nos llevaron a decir "soy (no estoy) en este partido" al tiempo que generamos acciones que garanticen la supervivencia de nuestra organización sin desdibujar nuestro componente identitario ni permitir que otros partidos, u organizaciones, que las modas del momento nos corrompan.