No puedo hacer más. No puedo hacer más cosas, por más de que por vos haría mil y una. Dos mil. Infinitas.
No puedo escocerte las heridas, curarte el alma o juntar los pedazos rotos de lo que alguna vez fuiste.
No puedo reparte, hacerte de nuevo o reconfortante ahora, cuando se que todavía ni siquiera te podés encontrar con vos mismo.
No puedo dejar que te enloquezcas, no quiero dejar que te caigas. No puedo dejarte ir. No quiero dejarte.
No puedo quitarte la lluvia de los ojos, descorrerte el pelo de la frente y confortar te , decirte que todo va a estar bien, que esto ya va a pasar y que es solo un mal trago, o peor aun, un mal recuerdo
No puedo porque a veces siento que ni yo me puedo...
Solo sé que cuando te abrazo y te abraso me puedo olvidar del mundo. Quiero rodearte tanto y tan fuerte como pueda. No me quiero ir, no me quiero bajar.
No puedo muchas cosas, pero si puedo estar a tu lado, en esta también. Sí puedo cubrir tu cabeza con mis brazos, sí quiero dejarte respirar y que me latas justo en el hueco que forman mi cuello, mi pecho y mi hombro... Y que latas cada vez más fuerte.
Lo único que nunca voy a dejar de hacer es quererte sin condiciones. Como a nada, como a mi todo, como a nadie.
Como nunca y como siempre. Sin condiciones.
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domingo, 2 de diciembre de 2018
sábado, 25 de marzo de 2017
Nunca Más (esta vez, en serio)
Hace 41 años te mataban no sólo por lo que creías, no sólo por lo que pensabas, sino también por lo que creían que podías llegar a hacer con todo eso que pensabas. La dictadura, las muertes, las torturas independientemente de las banderas políticas fueron padecidas por todo el pueblo argentino.
Un pueblo sin memoria se condena a sí mismo a repetir una y otra vez los errores u horrores del pasado. Nuestra memoria, como argentinos, como militantes y como ciudadanos no es ni debería ser un habitáculo vacío que se prende porque sí en días específicos y luego se vuelve a dejar en stand by. No. Nuestra memoria está cargada de emociones, no es peso muerto, no es algo inerte. Nuestra memoria late, es nuestro valor agregado. Nuestra madurez social y política es la que hoy apaña a la democracia como sistema de gobierno y es esa democracia la que todos los días tenemos que salir a defender e incorporar en todos nuestros actos.
No nací sabiendo nada. Como a muchos otros, que nacieron (nacimos) en democracia, me lo incorporaron. Primero fueron mis viejos, después la escuela, los libros, los medios, quienes esa mañana de hace 40 años se despertaron y estaban en dictadura, quienes no vivieron para contarla, pero viven de otras formas...
Yo no lo viví, pero puedo y elijo transmitirlo y sé que no soy la única. Entre todos estamos creando las bases para que las generaciones futuras no tengan, al igual que nosotros, ni un atisbo de duda a la hora de levantar las banderas de quienes ayer lucharon para que hoy podamos ser libres en convicción y pensamiento.
Ni tenemos que olvidarnos de dónde venimos y tampoco tenemos que perder de vista hacia dónde vamos ni por qué luchas bregamos. Queda mucho camino para tener el país que soñamos y si inclusive en democracia nos sigue faltando gente, como sociedad, no podemos estar completos. Que el NUNCA MÁS nos dure para SIEMPRE.
Un pueblo sin memoria se condena a sí mismo a repetir una y otra vez los errores u horrores del pasado. Nuestra memoria, como argentinos, como militantes y como ciudadanos no es ni debería ser un habitáculo vacío que se prende porque sí en días específicos y luego se vuelve a dejar en stand by. No. Nuestra memoria está cargada de emociones, no es peso muerto, no es algo inerte. Nuestra memoria late, es nuestro valor agregado. Nuestra madurez social y política es la que hoy apaña a la democracia como sistema de gobierno y es esa democracia la que todos los días tenemos que salir a defender e incorporar en todos nuestros actos.
No nací sabiendo nada. Como a muchos otros, que nacieron (nacimos) en democracia, me lo incorporaron. Primero fueron mis viejos, después la escuela, los libros, los medios, quienes esa mañana de hace 40 años se despertaron y estaban en dictadura, quienes no vivieron para contarla, pero viven de otras formas...
Yo no lo viví, pero puedo y elijo transmitirlo y sé que no soy la única. Entre todos estamos creando las bases para que las generaciones futuras no tengan, al igual que nosotros, ni un atisbo de duda a la hora de levantar las banderas de quienes ayer lucharon para que hoy podamos ser libres en convicción y pensamiento.
Ni tenemos que olvidarnos de dónde venimos y tampoco tenemos que perder de vista hacia dónde vamos ni por qué luchas bregamos. Queda mucho camino para tener el país que soñamos y si inclusive en democracia nos sigue faltando gente, como sociedad, no podemos estar completos. Que el NUNCA MÁS nos dure para SIEMPRE.
sábado, 5 de noviembre de 2016
Desde Adentro
No iba a escribir nada,
no porque no sintiera nada, sino porque pensaba que ya estaba todo dicho, pero,
¿qué hay más lindo que poder contarle al mundo sobre esas cosas que te pasan
tanto y tan fuerte que prácticamente te atraviesan?
Muchas otras
veces había escrito sobre la Franja, lo que significaba para mí, lo que veía
desde afuera, lo que creía que era, lo que pensé que podía sentir o no y muchas
otras historias mínimas. Sin embargo, estar en el fondo y desde adentro es lo
máximo.
Hoy, después
de tres días intensos en todo sentido, nada ni nadie me borra la sonrisa de la
cara. Por los dos mil y pico de alumnos que depositaron su confianza en
nosotros y en lo que hacemos todos los días; porque ese mismo compromiso con lo
que decimos y lo que hacemos es el que nos mantiene donde estamos, conduciendo
el Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas desde hace 23 años; porque la
gente que te conoce, que vio que en estos días estuviste a sol y a sombra
enclaustrada en la facultad no hace más que felicitarte y alegrarse por tu
felicidad.
Me duelen los
pies, mucho, muchísimo, como si hubiera estado en un pogo eterno. Casi no tengo
voz, porque en tres días paré a tanta gente para contarle qué estábamos
haciendo, qué hicimos y qué pensamos/sentimos al hacer y canté tanto una vez
finalizado el escrutinio, que hasta reírme o tragar son actos que cuestan un
montón. Dormí todo el día, como condenada, como si no hubiera mañana, porque no
hay mayor tranquilidad que la que tengo en este momento, sabiendo que una vez
más hicimos hasta lo imposible y como siempre y como nunca, vamos por más.
Éramos, somos
una banda, una fiebre que se extendía por todos los pasillos y todos los
rincones de la facultad: la puerta de 48, la de 47, todas las escaleras, el
bicicletero, el subsuelo, la veda. Giraras donde giraras, la facultad destilaba
morado. Éramos alrededor de 60 militantes distribuidos por donde se te
ocurriera y sin embargo, nada de lo que hicimos lo podríamos haber hecho solos,
sin el apoyo fundamental de mucha, muchísima gente que a lo largo de este
proceso nos acompañó incondicionalmente como los becados, los ex militantes,
los graduados, las madres, los padres, los hermanos, primos, tíos, sobrinos,
novios, piques, los correligionarios de toda la ciudad y más allá y los alumnos
y amigos que siempre supieron que no sólo estábamos soñando con una facultad
todos los días un poquito mejor, sino que también la estábamos haciendo. Me
falta gente y seguro se me escapa, se me sale por los poros o es parte de otras
historias mínimas, pero todos estuvieron ahí y por y gracias a ellos vamos a
seguir estando, garantizando la educación pública, gratuita y de excelencia,
hasta el infinito y más allá. Hoy y siempre Franja Morada.
PD: un gracias
total, para la banda del bicicletero (Anto, Juan, Enzo, Guada, Fefo, Lu, Juanma
y Agus, que desde el fondo y hacia arriba, la rompió.
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