Tuve que aprenderte y aprehenderte para darme cuenta de qué tan efímero o duradero podías ser.
Te enredé y te desenredé con tal de siquiera intentar entenderte.
Te idealicé y te destruí, para después volver a reconstruirte, con todos tus defectos, con todas tus virtudes, pero ya como parte de mi vida.
No pude domarte, nunca lo intenté, jamás lo intentaría. No está en tu naturaleza que puedas callarte, ni seguir órdenes, ni dar el brazo a torcer.
Sos el mar, vas a estar más o menos picado, pero nunca en calma.
Te abracé y junté tus pedazos cuando estabas roto. Te cocí las alas, te dije que podrías ir tan alto como quisieras y que si querías todo, lo podrías todo.
Recorrí kilómetros y kilómetros de camino, solamente para verte dos horas, estar a tu lado y sentirme en paz. Siempre lograste eso, calmarme, apaciguarme, rearmarme, no dejarme dejarte.
Ahora que te vas, ahora que me estás dejando, dejame quedarte, dejame quedarme.
Tuve que cederte y otras veces ganarte.
Fallé. Fue mi error. Tuve que conocerte, volver a desconocerte y buscarte hasta por debajo de las piedras para encontrarnos.
Y tuve que aprenderte, aprehenderte y desaprenderte, para caer en la cuenta de que no quiero que seas efímero. Más bien, quiero que seas para siempre.
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domingo, 9 de diciembre de 2018
domingo, 2 de diciembre de 2018
Sin condiciones
No puedo hacer más. No puedo hacer más cosas, por más de que por vos haría mil y una. Dos mil. Infinitas.
No puedo escocerte las heridas, curarte el alma o juntar los pedazos rotos de lo que alguna vez fuiste.
No puedo reparte, hacerte de nuevo o reconfortante ahora, cuando se que todavía ni siquiera te podés encontrar con vos mismo.
No puedo dejar que te enloquezcas, no quiero dejar que te caigas. No puedo dejarte ir. No quiero dejarte.
No puedo quitarte la lluvia de los ojos, descorrerte el pelo de la frente y confortar te , decirte que todo va a estar bien, que esto ya va a pasar y que es solo un mal trago, o peor aun, un mal recuerdo
No puedo porque a veces siento que ni yo me puedo...
Solo sé que cuando te abrazo y te abraso me puedo olvidar del mundo. Quiero rodearte tanto y tan fuerte como pueda. No me quiero ir, no me quiero bajar.
No puedo muchas cosas, pero si puedo estar a tu lado, en esta también. Sí puedo cubrir tu cabeza con mis brazos, sí quiero dejarte respirar y que me latas justo en el hueco que forman mi cuello, mi pecho y mi hombro... Y que latas cada vez más fuerte.
Lo único que nunca voy a dejar de hacer es quererte sin condiciones. Como a nada, como a mi todo, como a nadie.
Como nunca y como siempre. Sin condiciones.
No puedo escocerte las heridas, curarte el alma o juntar los pedazos rotos de lo que alguna vez fuiste.
No puedo reparte, hacerte de nuevo o reconfortante ahora, cuando se que todavía ni siquiera te podés encontrar con vos mismo.
No puedo dejar que te enloquezcas, no quiero dejar que te caigas. No puedo dejarte ir. No quiero dejarte.
No puedo quitarte la lluvia de los ojos, descorrerte el pelo de la frente y confortar te , decirte que todo va a estar bien, que esto ya va a pasar y que es solo un mal trago, o peor aun, un mal recuerdo
No puedo porque a veces siento que ni yo me puedo...
Solo sé que cuando te abrazo y te abraso me puedo olvidar del mundo. Quiero rodearte tanto y tan fuerte como pueda. No me quiero ir, no me quiero bajar.
No puedo muchas cosas, pero si puedo estar a tu lado, en esta también. Sí puedo cubrir tu cabeza con mis brazos, sí quiero dejarte respirar y que me latas justo en el hueco que forman mi cuello, mi pecho y mi hombro... Y que latas cada vez más fuerte.
Lo único que nunca voy a dejar de hacer es quererte sin condiciones. Como a nada, como a mi todo, como a nadie.
Como nunca y como siempre. Sin condiciones.
viernes, 26 de octubre de 2018
Toda la galaxia
A sol y a sombra estuviste ahí desde
el minuto cero. Lo que se hereda no se roba y por tus venas corre la misma
sangre morada que también me corre a mí. Hay circunstancias que nunca vamos a
entender, otras tantas que nos podemos explicar y mil y una en las que sabemos
que lo dejaste todo ahí, por la Franja, esa que te dio tantas alegrías como
tristezas. Esa que hagas lo que hagas siempre vas a llevar en la piel, en lo
que sos vos, en la vida.
Me gusta verte llegar, cebar un
mate, planificar el futuro con la misma tranquilidad que la lista del
supermercado pero con la misma euforia con la que organizarías el mejor viaje
de tu vida.
Me gusta verte reír y que haya chistes que solo nosotras entendamos y que los demás se nos queden mirando sin terminar de entender qué pasó o qué no.
Me gusta verte reír y que haya chistes que solo nosotras entendamos y que los demás se nos queden mirando sin terminar de entender qué pasó o qué no.
Quiero tenerte para siempre, no como
compañera de militancia, sino como amiga, caminando a mi lado, luchando por las
mismas cosas y peleando por los mismos sueños, esos que no se cuantifican con
un voto ni caben en las urnas. Esos por los que todos los días nos levantamos
queriendo que el mundo, la facu y nuestra casa sean lugares un poquito más
lindos.
Que nadie venga a decirte que el
cielo es el límite, porque aun así, hay huellas en la luna. Vos sos infinita,
que nadie, que absolutamente nadie te convenza de lo contrario. Yo, mientras
tanto, te voy a estar acompañando.
Sos mansa guachi. Te quiero mil.
(A Camila Daffunchio, infinita y simultáneamente fuera de serie)
(A Camila Daffunchio, infinita y simultáneamente fuera de serie)
Te vi
Te vi.
Si de algo estoy segura es de que yo sí te vi…
Escribo
estas líneas después de haber pasado tres días y tres noches enteras con vos,
no siendo mi única compañía, pero sí la más importante.
Recién
me largué a llorar a mares, no porque esté triste, porque me algo me duela, o
por cualquiera de las razones convencionales por las que una lloraría.
Si
estoy llorando es porque no doy, todavía, crédito de todo lo que pasamos.
Te vi
ponerte al hombro esta campaña como a nadie, aprender a cocer de la nada,
cargar con un mundo de cosas en el auto, en el alma y en la vida y no flaquear,
o al menos no demostrarlo. Te vi dejar cosas que amabas, que creíste que jamás
ibas a dejar de lado o que te parecían importantes, por (al menos) tratar de
estar en todas, por acompañarnos a todos y cada uno y por ser para todos, ese
compañero y amigo incondicional que nunca nos soltó la mano y siempre nos
incentivó a ser mejores como compañeros de militancia sí, pero también como
personas.
Yo te
vi. Yo te vi poner música cuando no querías hablar, te vi cantar a los gritos las
canciones de la Franja, te vi llorar, te vi disimularlo, te vi reír a
carcajadas, saltar de la emoción, abrazarnos a todos y cada uno y cuidarnos
como si fuéramos familia.
Yo te
vi, Kevin. Te vi temblar el minuto antes de lanzarte a hablar en la asamblea
sobre lo mucho que querés a la Franja. Te vi bancando los trapos en la campaña
de Consejo, por más roto que estuvieras. Te vi en el Consejo Directivo,
llevándole la contra al decano. Te vi defendiendo la educación pública. Te vi como a nadie, te vi como nadie.
Te vi volverte estrella y también estrellarte y juro que no sé si te quise y te admiré más cuando te “convertiste
en héroe” o cuando, por fin, te reconociste humano.
Justamente
por todo, por absolutamente todo eso, cada día te quiero y te admiro más.
No hay, no hubo y quizá no habrá tranquilidad más grande que saberte en esos lugares y en esos momentos en los que yo me cuestionaba un millón de cosas, pero no dejabas de estar y, es más, te quedabas más que nunca. Te aferrabas a lo que más querías sin dar el brazo a torcer y luchaste con uñas y dientes, adelante y sin cesar.
No hay, no hubo y quizá no habrá tranquilidad más grande que saberte en esos lugares y en esos momentos en los que yo me cuestionaba un millón de cosas, pero no dejabas de estar y, es más, te quedabas más que nunca. Te aferrabas a lo que más querías sin dar el brazo a torcer y luchaste con uñas y dientes, adelante y sin cesar.
Pasamos
una batalla, sé que vamos a pasar mil más… juntos.
Te quiero tanto que ya no se puede cuantificar. Quizá las palabras para poder expresarlo, todavía no se inventaron.
Ti voglio tanto bene caro mio, forever.
(A Kevin Sotelo, mi mejor amigo)
Ti voglio tanto bene caro mio, forever.
(A Kevin Sotelo, mi mejor amigo)
martes, 23 de enero de 2018
La probadita
El ardor me quitó la respiración. Apenas pude reaccionar, perdí el aliento. El nudo en la garganta me latía casi como si fuera una bomba a punto de estallar; lentamente cada centímetro de mi piel se iba quemando. Di un suspiro, dos, diez. Era mi propio corazón el que me estaba aturdiendo. Aunque siquiera me lo hubiese propuesto, sabía que no podía hablar, que las palabras no eran lo suficientemente grandes para describir lo que ocurría.
Cerré los ojos, traté de volver a mi estado inicial, a la calma que precedió la tormenta de emociones que me iba poseyendo. Hiperventilaba, rugía, me estremecía. Traté. Traté de volver a mí, pero no pude.
Sentí su sabor corroyéndome, derritiéndome, derritiéndonos. Era delicioso, lo más rico que hubiera probado jamás, era irresistible. El fuego líquido, la insaciabilidad que había desplegado en mí no se extinguiría jamás, estaba segura. De ahora en más, no habría camino de regreso; yo nunca volvería a ser la misma.
Amarula querido, ¡gracias por existir!
Cerré los ojos, traté de volver a mi estado inicial, a la calma que precedió la tormenta de emociones que me iba poseyendo. Hiperventilaba, rugía, me estremecía. Traté. Traté de volver a mí, pero no pude.
Sentí su sabor corroyéndome, derritiéndome, derritiéndonos. Era delicioso, lo más rico que hubiera probado jamás, era irresistible. El fuego líquido, la insaciabilidad que había desplegado en mí no se extinguiría jamás, estaba segura. De ahora en más, no habría camino de regreso; yo nunca volvería a ser la misma.
Amarula querido, ¡gracias por existir!
domingo, 21 de enero de 2018
Y te soñé...
Ya era tiempo de que nos encontráramos. El inconsciente, dicen, no distingue a los vivos de los muertos y según una tribu de nosédónde y de nosécuándo, soñar con alguien,
significa que lo incorporaste. Ayer soné con vos por primera vez
en toda mi vida. Durante una siesta cualquiera, así de la nada y como si nada.
Me asusté, me encantó.
Siempre sueño con mi nonno, que me lleva a andar por ahí en su casa rodante, a la cancha de la Juventus o me canta canciones de su pueblo. Siento que nos visitamos, que rompemos las barreras del tiempo y del espacio, de la vida acá y un poco más allá. También sueño con gente que va y viene, que me busca y me encuentra, que pasa o deja de pasar, pero ayer fue distinto. Ayer soñé con vos, que tenés mis mismas iniciales y quizá mis mismos vicios.
Yo soñé con vos, soñé que habíamos pasado toda nuestra vida
juntos. Que jamás de habías ido tan intempestivamente como lo hiciste. Que evidentemente nos acompañábamos en todas, que éramos luz. Tenías el pelo cubierto de canas, se te
marcaban las arrugas de la frente cuando enarcabas las cejas y te reías y se te
achinaban los ojos, casi como a mí, igual que al tío.
Salías en televisión hablando de tus dos pasiones más grandes,
el teatro y las letras. Hablabas y sonreías hasta con los ojos, aquellos ojos entre azules y verdes que quizá nadie heredará. Yo estaba detrás de cámara, mirándote, deleitándome con el mero
hecho de escucharte y no podérmelo creer.
“Ella es mi nieta. Su blog empieza con la misma oración que
la primera obra de teatro que estrené, allá por los 50. Ni siquiera lo
sabíamos, pero ya nos conocíamos”
Y ahí desperté. Me asusté. Me encantó.
Fixing That Hole
Y una vez que supe que se fue y que no volvería, hice lo mejor que podía hacer por ambos: borrar todo lo que nos unía. Fue así que aniquilé chats, rompí cartas con falsas promesas, eliminé fotos, silencié cuentas y tapé mi mente de cosas y cosas para evitar que él volviera, siquiera en pensamiento.
Cambié, cambié los muebles de lugar, ordené el ropero y reparé los libros deslomados, como si eso también me fuera arreglar a mí. Sentí la lluvia en mi pelo, el placer del café caliente en mis labios y el sueño, por fin, reparador en mi cuerpo. Caminé entre bandadas, cambié mi número para que no me encontrara, borre el suyo para no buscarlo, me alejé de las pantallas, de las caretas, de las formas. Me acerqué a mí.
"No estoy bien", confesé. "Me importa más de lo que pensaba", musité. Sí, estaba empezando a sentir que me movía el piso, cuando ya era tarde para alcanzarle. Sentía algo, sí, algo que como las llamas con el viento, se aviva y se aviva y de improviso, quizá también se apaga sin que te des cuenta. Sí, sí a todo, como los locos. Sí quiero. Esta noche también lo extraño, esta noche también lloré. Sí, lo amo.
Él se fue y yo me quedé acá, hecha un manojo de cosas que no dije y otras que me arrepentí de no hacer. Todo eso debo echarlo bajo tierra, apagar el fuego, mitigar el ardor, cerrar la puerta.
Pasará, sé que pasará, porque siempre lo hace. Pero no hay "mientras tanto" más duro que este. Puedo borrarlo de mil maneras diferentes, pero no existe ni una vacuna contra el mal de amores ni un tratamiento, que por mero arte de magia, arranque al amor de mi cuerpo, como si fuera una curita.
Cambié, cambié los muebles de lugar, ordené el ropero y reparé los libros deslomados, como si eso también me fuera arreglar a mí. Sentí la lluvia en mi pelo, el placer del café caliente en mis labios y el sueño, por fin, reparador en mi cuerpo. Caminé entre bandadas, cambié mi número para que no me encontrara, borre el suyo para no buscarlo, me alejé de las pantallas, de las caretas, de las formas. Me acerqué a mí.
"No estoy bien", confesé. "Me importa más de lo que pensaba", musité. Sí, estaba empezando a sentir que me movía el piso, cuando ya era tarde para alcanzarle. Sentía algo, sí, algo que como las llamas con el viento, se aviva y se aviva y de improviso, quizá también se apaga sin que te des cuenta. Sí, sí a todo, como los locos. Sí quiero. Esta noche también lo extraño, esta noche también lloré. Sí, lo amo.
Él se fue y yo me quedé acá, hecha un manojo de cosas que no dije y otras que me arrepentí de no hacer. Todo eso debo echarlo bajo tierra, apagar el fuego, mitigar el ardor, cerrar la puerta.
Pasará, sé que pasará, porque siempre lo hace. Pero no hay "mientras tanto" más duro que este. Puedo borrarlo de mil maneras diferentes, pero no existe ni una vacuna contra el mal de amores ni un tratamiento, que por mero arte de magia, arranque al amor de mi cuerpo, como si fuera una curita.
miércoles, 17 de enero de 2018
Ni el cielo es el límite
La Real Academia Española define a una utopía como un plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.
Ningún libro dice (y tampoco dirá nunca), cómo, cuándo, dónde y por qué se llega al momento que le sigue a esa formulación: el de la concreción.
Soñar, imaginar o replantearse el mundo en función de que otro futuro, tanto propio como compartido, puede ser posible es un viaje de ida. Una vez que una idea zarpa de la mente es imposible detenerla, es imposible retenerla.
Sí, la utopía es universal y surge o surgirá en todas y cada una de las siete mil millones de cabezas que están poblando el planeta Tierra. Es una necesitad imperiosa y emergente. Es el impulso de y para hacer todo lo que sea posible para que eso que parece inalcanzable deje de ser una simple abstracción.
No hay quien no quiera que sus lejanas elucubraciones mentales se concreten y se vuelvan palpables, tangibles y más que nada, reales. Nuestras. La práctica y la vida misma demuestran que, de forma contraria a lo dicho por cualquier diccionario, no quedan enclaustradas en un lugar inexistente; están en tantas mentes y en tantos lugares al mismo tiempo, que sería imposible universalizarlas, cuantificarlas y medirlas. ¿Quién puede decidir cuánto peso tiene una con respecto a la otra?, ¿quién dice cuál vale más y cuál menos?, ¿quién puede decirle a otro cómo pensar?
Soñar, imaginar o replantearse el mundo en función de que otro futuro, tanto propio como compartido, puede ser posible es un viaje de ida. Una vez que una idea zarpa de la mente es imposible detenerla, es imposible retenerla.
Sí, la utopía es universal y surge o surgirá en todas y cada una de las siete mil millones de cabezas que están poblando el planeta Tierra. Es una necesitad imperiosa y emergente. Es el impulso de y para hacer todo lo que sea posible para que eso que parece inalcanzable deje de ser una simple abstracción.
No hay quien no quiera que sus lejanas elucubraciones mentales se concreten y se vuelvan palpables, tangibles y más que nada, reales. Nuestras. La práctica y la vida misma demuestran que, de forma contraria a lo dicho por cualquier diccionario, no quedan enclaustradas en un lugar inexistente; están en tantas mentes y en tantos lugares al mismo tiempo, que sería imposible universalizarlas, cuantificarlas y medirlas. ¿Quién puede decidir cuánto peso tiene una con respecto a la otra?, ¿quién dice cuál vale más y cuál menos?, ¿quién puede decirle a otro cómo pensar?
Las utopías son, entonces, parte de la historia de un pueblo, construcciones mentales de sus habitantes, conjuntos de significados comunes y las impulsoras de los cambios más grandes que marcan la vida en conjunto de un país. Son de todos, porque no hay ser humano que viva sin ellas, no son de nadie, porque nacen como parte de la naturaleza misma formando una antítesis con la racionalidad. Pueden ser globales, porque también pueden ser compartidas y aunque se compartan, también son individuales y particulares, porque nadie las concibe de la misma manera y todos las aprehenden a su modo. Son viajes, esos catalogados como "viajes de ida" de los que nunca se puede volver de la misma manera en la que te fuiste. Imaginarse un mundo y miles siempre que quieras y siempre que puedas, es posible.
Las ideas no se matan, las utopías como futuros lugares posibles, tampoco. Por más restricciones mentales y materiales a las que uno se haya expuesto a lo largo de su vida, para la mente ni el suelo es el tope, ni el cielo es el límite.
miércoles, 3 de enero de 2018
All things must pass
Pasa. Te juro que pasa, hermana. Ahora creés que no. Y te
rompe las pelotas, el corazón, la cabeza… creés que nunca más vas a poder
rearmarte, que un pedazo anda con vos, el otro con él y un montón esparcidos
entre ustedes, en todos los recuerdos que te quedan de vos con él, pero te
equivocás. Pasa, yo te juro que pasa, porque también lo pasé.
Creés que ningún nombre te va a llenar tanto los días como
el suyo, que nadie más te va a marcar las horas así, que el corazón no te va a
dar un vuelco cada vez que lo sientas cerca y que quizá no vuelvas a sentir, ni
sentirte como antes. Pero no, no lo creas, no lo sientas. Te aseguro que es
momentáneo. Te juro que es verdad lo que te estoy diciendo.
Pensás que nunca más vas a leer un nombre semidormida, que
no vas a tener por quién sonreír cuando veas tu pantalla titilando, que nadie
más va a llenar ese primer cuadrito del chat, que ese tono nunca va a volver a
sonar, que ya no vas a tener nadie guardado con ese apodo, ni con ese nombre ni
con ese sustantivo abstracto. Pero te equivocás, estás metiendo la pata hasta
el fondo. Ahora no lo ves, pero después sí.
Sentís que se te estruja el corazón, que no vas a poder con
vos, que el amor no está en tu destino y que quizá es tu merecido. Sentís el
cuerpo pesado, cansado y abatido, como si hoy fuera una transición y no hubiera
mañana. Te duele, te mata el vacío igual que esas lágrimas que compiten con el
mar o todas esas palabras con las que lentamente te estás ahogando. Lo sentís y
te duele, te duele horrores, pero te juro que pasa, que pasa y se pasa.
Un muy buen día, casi sin quererlo, casi sin pensarlo y casi
sin medirlo, una luz vuelve a titilar. Te rearmaste, estás entera, estás lista.
Dejó de dolerte, aunque no lo olvides. Vos podés tocar el cielo con las manos y
lo sabés.
Alguien más apareció. Y al “hola” le sigue un “¿cómo estás?”,
un chiste y un “¿cuándo nos vemos?”. De a poquito tus redes se empiezan a
llenar y te reís de la nada. Querés que de ahora en más el camino sea a su
lado, como tus despertares, como esa vida que pasito a pasito van construyendo
juntos. Para él sos importante, tanto que se desvive por verte bien, por
hacerte reír como pocos, porque te brillen los ojos con solo mirarle.
Sí, volviste a sonreír. Te lo merecés, te merecés todo lo
que te estás pasando ahora. Sos fuerte y movés mares y montañas con solo
existir. ¿Viste que tenía razón? Ibas a superarlo. Ya pasó.
jueves, 31 de agosto de 2017
Lady Di. Un día en la vida
Era 1997. Me gustaba mirar los dibujitos de las obras de
Shakespeare en el Discovery Kids, alguna que otra novela y The Box el canal de
música. Estaba “enamorada” de Leonardo Di Caprio desde que lo vi en la película
Titanic, por eso, cada vez que veía el video de “My Heart Will Go On”, me
entusiasmaba a más no poder. También le había cortado el pelo a una de mis
Sailor Moon para que se pareciera al personaje de Kate Winslet y mis amigas y
yo leíamos las revistas “Linda” y pasábamos los recreos viendo sus fotos y las
de los Backstreet Boys, Aaron Carter o Brad Pitt.
En mi casa no había ninguna de esas cosas, estaba lleno de
libros de Derecho, enciclopedias y otros ejemplares prohibidos para mi edad,
así que si quería leer algo me tenía que conformar con unos tomos azules que
hablaban de civilizaciones, historia contemporánea, artes y literatura. Mi
favorito era el que trataba de personajes célebres, como Sherlock Holmes,
Fausto, los Beatles o Juana de Arco. En medio de la DiCapriomanía descubrí la
existencia de Winston Leonard Spencer Churchill y más allá de quién era, me
gustaba repetir su nombre porque se llamaba Leonard, como el de Titanic y el de
la Mona Lisa.
Para agosto, ya casi no pasaban “My Heart Will Go
On” en la tele y los noticieros internacionales que veía con mis padres a la
hora del desayuno pasaban a la Madre Teresa y Lady Di que se habían encontrado
no sé dónde. La Madre Teresa salía en mi libro, le decían Teresa, como a una de
mis tías que tenía carteles de Dios por todas partes, pero se llamaba Agnes y
era de la India, que había sido territorio inglés. Ambas, Diana y la Madre Teresa siempre estaban cerca de gente carenciada, enferma o en condiciones de extrema vulnerabilidad. Eso, para mí, explicaba el
encuentro de las dos. Solo unas semanas después, a finales de agosto, la prensa mundial
estaba abarrotada con las fotos de la madre Teresa, que se había muerto. Yo me
enojé, mi libro ahora estaba desactualizado.
El 31 era domingo, me acuerdo porque esos
días comprábamos el diario Los Andes casi religiosamente. Esa mañana en
absolutamente todos los canales estaban las fotos del auto negro destrozado en
el que viajaban Lady Di, el hijo del dueño del Ritz y un chofer borracho. Al
día siguiente, desayunando en un McDonald’s no terminé mi té por leer la
crónica del accidente, esa mujer tenía la edad de mi papá, dos hijos muy chicos
y aparte el esposo no la quería… y la Reina menos. La Reina era la misma que
cuando Churchill era primer ministro (y sigue siendo la misma). Churchill se
llamaba Spencer y Lady Di era Diana Spencer. ¿William y Harry serán los que salen parodiados en el video de las Spice Girls? En mi libro no salía quiénes
eran las Spice Girls...
Dicen que los recuerdos, cuando uno es chico están asociados
a una emoción fuerte. Por eso, contra todos los pronósticos, me acuerdo del
atentado a la AMIA en el 94 porque fue el día después de un Mundial y estaba en
Mar del Plata, del 11-S porque no tenía clases y era feriado y del 19/20 de diciembre de
2001 porque no podía ver la novela con Chayanne. Al mes que murió Lady Di,
nació mi hermano y mis viejos tuvieron el tino de ponerle Guillermo Andrés,
como a William, que durante toda la secundaria, y hasta que un pelotudo me
rompió sus fotos al grito de “que se joda por inglés”, fue mi amor platónico. Cuando Guille nació, el Palacio seguía abarrotado de flores, al menos eso me mostraban hasta en The Box.
Y después dicen que 20 años no es nada…
domingo, 20 de agosto de 2017
Barcelona y Serrat
Siempre que pienso en Barcelona, lo primero que se me viene
a la cabeza es el Nano. Quizá porque desde que tenía menos de un año me acuesto
a dormir con sus canciones de fondo, o porque creo que nadie más pudo describir
de una forma tan perfecta lo que es el amor al mar, a ese que considerás tuyo.
Cada vez que le escucho hablar del Mediterráneo se me pianta un lagrimón y no
puedo evitar recordar a mi natural Atlántico que en Mar del Plata se torna
entre marrón y celeste, según su estado de ánimo.
El Nano me da ese no sé qué que solo se siente con las
pequeñas cosas, esas mismas, aquellas delas que habla su canción, las que hacen
que lloremos cuando nadie nos ve.
En estos días me dolió Barcelona y también el Nano, como si
fuera una parte de mí, como si fuera una parte de todas mis historias. En la
misma semana, me enteré de que ese dialecto que le sentían hablar a mis
bisabuelos, hace más de cincuenta años, era catalán. El mismo que se habla en
Barcelona, ese en el que canta un tal Joan Manuel, que resulta también ser Juan
Manuel como mi hermano.
Quizá algún día llegue a ser tan grande, tan joven y tan
vieja como Serrat, él ya no va a estar y el mundo como lo conocemos, tal vez
tampoco. Quizá no viva en este país ni en este planeta, tal vez escuchemos
música de una forma que ahora es inimaginable y ni siquiera necesitemos dormir
para empezar un nuevo día. Pero si en medio de toda esta vorágine puedo crearme
una certeza, sé que esa es que siempre voy a tener a mi Mediterráneo y un Joan
Manuel del que oír paraules d’amor.
martes, 1 de agosto de 2017
Goodbye my lover, goodbye my friend
Una mañana, al hombre del kiosco de diarios, que siempre se las
ingeniaba para traerme La Capital o Los Andes, le pregunté cuál era el diario
que menos le compraban. El “Buenos Aires Herald” me respondió,” lo compra uno
que otro así blanquito como vos, pero nadie más, en cualquier momento muere”.
Desde ese día, siempre que podía, porque ya compraba un diario local,
uno provincial y uno nacional, también separaba un poco de plata para comprar
el Herald. Me daba no sé qué que un diario fuera a cerrar porque nadie lo
compraba y pensaba en los escritores/periodistas que lo hacían, ¿se sentirían
como nos sentimos todos cuando no nos leen?
Corría 2012, un año de mierda (no hay otra manera de decirlo). Me
mudé a un nuevo departamento, ese mismo día rompí una bacha y ahogué mi celular en una taza de té verde a medio tomar;
al mes, en pleno mayo y en La Plata, no tenía gas y todas las mañanas iba a
buscar agua a la facultad, que quedaba a dos cuadras, para poder tomar unos tés
calientes. Tampoco tenía internet y menos que menos televisión.
En medio de todo eso, creo que lo único que me salvó fue que nunca dejé
de leer (ni de escribir, pero eso ya es para otra historia). Desde antes de
cursar Gráfica 1, mis mañanas empezaban con los diarios sobre la mesa y por más
aislada del mundo que estuviera, ese pequeño ritual siempre se mantuvo intacto.
Tener un diario nuevo para ver era espectacular y como fanática de los idiomas
que todavía soy, me devolvió los colores. Cada palabra y cada expresión que
descubría me entusiasmaban más y más.
En una época en la que no estaban tan masificadas las aplicaciones,
tener un buen diccionario costaba un ojo de la cara y vivía a comedor
universitario, agua y bizcochitos Don Satur, tener un diario con el que
encontrara el equilibrio justo entre aprender más de un idioma (por ese entonces ya
hablaba tres) e informarme, casi-casi que se acercó a la gloria.
Me volví a mudar, a tomar una ducha caliente y a pasar horas en
internet, pero siempre pasaba a buscar el Herald y le fui leal por años,
inclusive cuando se volvió un semanario que salía cada viernes y paulatinamente se fue apagando.
Hoy, pasados sus 140 años, no va más. Siento que algo se me rompió, o peor aún, que se fue una
parte de mi vida.
"You have been the
one, you have been the one for me..."
miércoles, 10 de mayo de 2017
Este puñetero blog
¿Qué hace uno para evitar situaciones de este tipo en el 90% de los
casos?... ¡¡¡SE ESCAPA!!! Créanme que tengo razón… como la mayoría de las
veces.
Ejemplos hay miles: el que trabaja mucho, el que estudia mucho, el
que lee mucho, el que escribe mucho, el que viaja mucho, el hombre o la mujer
orquesta, el que tiene la casa llena de gente todo el tiempo o el que nunca
está… hay tantas formas de escape como personas. Están los que salen a caminar,
los que van a la pileta, los que hacen algún deporte, los que chatean, los que
pintan, los que toman cursos hasta de cómo atarse los cordones con una mano…
créanme que dentro de ese 90% que les mencioné antes hay formas de lo más
creativas, otras formas como dormir o enfermarse, son demasiado obvias.
El quid de la cuestión es: ¿de qué nos estamos escapando?, ¿Qué es
lo que nos hace día tras día recurrir a una o más formas de escape?, ¿Qué hace
que elijamos una forma y no otra?, ¿Qué hace que en vez de decir que estamos
disconformes nos escapemos?...
Así como dije que hay miles de formas de escaparse, también hay
miles de cosas que hacen que nos escapemos.
Algunos se escapan de una realidad que no quieren enfrentar; de un
mundo que les angustia ver; de un mañana que no es prometedor; de un hoy
frustrante; de un hogar sin contención; de alguien que nos acompaña pero
esperamos ver dormido cuando nos acostamos y ya fuera de la cama cuando nos
levantamos; de un familiar insoportable o inoportuno; de la presión de ese
examen que no sé si rendí bien o mal; de padres demasiado exigentes; de
hermanos muy competitivos y…hasta de nosotros mismos
Este puto blog como dije al comienzo, es parte de mi forma de escape,
la computadora, al menos yo me escapo de un entorno familiar crítico, una vida
social escasa, un vacío existencial gigantesco y unas ganas tremendas de tener
otra vida en la que pueda ser libre y pueda elegir… ¿lindo no?...
Desde que soy chica me encanta escribir, creo que es mejor terapia
que un psicólogo y cuanto menos para mí es más barato…
Ojo, no estoy diciendo que lo que leyeron sea literatura barata,
sino una forma ácida de ver la vida. Vida que si bien muchas veces es
fantástica y nos trae personas o cosas maravillosas otras veces, se ensaña con
nosotros hasta vernos aplastados en el suelo como hormigas para luego
levantarnos y elevarnos y volver a tirarnos y volver a levantarnos… pero esa es
otra historia complicada de esta chica complicada.
jueves, 13 de abril de 2017
El despadre
Quise. Quise mucho, muchísimo poder
decírselo, pero me contuve. Ni bien lo contó se me revolvió todo, lo viejo, lo
nuevo, lo que ya había pasado y también lo anterior. La entendía y más que
nadie, pero ella nunca me entendió. Pasamos por lo mismo, por circunstancias
casi calcadas, como si algunas cosas se heredaran casi de manera tan perfecta
como la sangre.
Le quise contar todo. Yo también
pasé hambre e inseguridad(es); también estuve sola y a la deriva sin poder
parar de llorar y también me sentí desesperada, dolida y decepcionada, no sé si
con él o con la vida misma, pero salí adelante. Una sale adelante porque no
queda nada más, porque no queda de otra, porque no hay otra manera.
Él también relativizó mi cariño; midió
en pesos nuestra relación; justificó hasta el hartazgo sus ausencias con un “no
sé qué le hice” y desapareció de mi vida, porque a decir verdad, tampoco supo
nunca hacerse cargo de la suya.
Cuando no tuve plata para llegar a
fin de mes, tuve que vender mi secador de pelo, mi grabador y mi MP3; cuando no
tuve qué comer robé de alguna heladera ajena o de la basura, esperé la buena
voluntad de alguien a la salida de un negocio o me hice la boluda en algún
evento y me llevé las sobras.
Mi él no se diferencia mucho del de
ella. No estuvo para prevenirme, ni advertirme, ni consolarme y frente a todo
eso, el hecho de no mantenerme fue una nimiedad. Y como fue una nimiedad, en el
momento en el que pensé que me ahogaba, pateé más fuerte, salí a flote y empecé
a caminar por mis propios pies.
Terminé el colegio y la facultad,
hice amigos, viajé hasta donde pude, me afilié a un partido y milité. Cuando
dejé de mirarlo a él, me pude mirar a mí y cuando lo hice, vi todo lo que me
esperaba, todo lo infinito que podía alcanzar.
Quise mucho, muchísimo poder
decírselo, para que sintiera que todo lo que está pasando es transitorio, que
como dice la canción “del mismo dolor vendrá un nuevo amanecer” y que de si
busca la luz la va a encontrar. Quise decírselo, pero en vez de todo eso, le di
un abrazo y me callé.
miércoles, 22 de febrero de 2017
Wednesday
1. BAJA PRESIÓN: algún día me voy a tatuar el 8/5, solo para recordarme que siempre se puede bajar un poco más.
2. LOS CINCO MINUTOS: sea la hora que sea, duermas solo o con quien sea, los "cinco minutos más" después de posponer la alarma, nunca son cinco minutos.
3. BACON Y MEDIALUNAS: es legal desayunar cuantas veces sea necesario, para ligar de arriba y por algunos minutos una ráfaga limpia de aire acondicionado.
4. ZOMBIES: no importa que esté muerto hace más de veinte años, sigo hablando de él en presente, como si me lo fuera a encontrar mañana. No importa que esté vivo y dando vida, cuando lo nombro, siempre es en pasado, casi como si no hubiera existido.
5. PARADERO: ¿adónde creés que te vas a esconder, si de un fantasma no se puede escapar?
6. GENTILEZA: "si estás embarazada o con pibes podés pasar directamente... igual pasá, hay tipos que vienen con bebés para pasar primero y me hacen dar bronca, hoy el calor es inhumano para todos"
7. DOBLE RACIÓN: "No hay fruta, agarrate otro pan". Como si fuera lo mismo, como si diera lo mismo.
8. FANTASMAS: cuando estás por dejar algo, te cruzás con todas las razones que, a lo largo de los años, tuviste para no dejarlo.
9. PORTACIÓN DE CARA: el tipo me había manoteado durante un recital, era piba, boluda, corrí y me largué a llorar. Lo vi ayer, hoy, mañana. Trabaja en la esquina de casa. Pasó media década, yo sé que soy una más en su haber, pero él es el único que miro y me da náuseas.
10. PUNTOS CARDINALES: "son 6 pesos", "son 6,25, porque aunque sean 15 cuadras, hay cambio de sección", "¿por qué me peleás por 25 centavos si a fin de año vas a pagar 11 mangos"... y así los choferes de la línea ESTE, demuestran que hace mil años que perdieron el norte.
11. CEBADA: pensaba que en verano y con cuarenta grados, me bastaba un helado para ser feliz. Y entonces descubrí la birra recién sacada de la heladera.
12. USOS: los volantes que dan los pibes vestidos de cocineros no sirven ni para abanicarse. Es en ese momento cuando hay que recurrir a la chica que reparte las muestritas de Pantene.
13. CON LA FRENTE MARCHITA: uno empieza a entender el tango cuando está más lejos de cumplir 15 que de llegar a duplicarlos.
14. LA MEDIA VUELTA: andate de mi mundo, andate con el sol, andate cuando se muera la tarde.
15. AL REVÉS: en el Registro Civil, a mayor edad, mayor el arancel (y ni hablar si ya estás muerto)
16. FICCIÓN; y no hay novela que pueda se le pueda comparar a lo intrincado de algunas realidades.
2. LOS CINCO MINUTOS: sea la hora que sea, duermas solo o con quien sea, los "cinco minutos más" después de posponer la alarma, nunca son cinco minutos.
3. BACON Y MEDIALUNAS: es legal desayunar cuantas veces sea necesario, para ligar de arriba y por algunos minutos una ráfaga limpia de aire acondicionado.
4. ZOMBIES: no importa que esté muerto hace más de veinte años, sigo hablando de él en presente, como si me lo fuera a encontrar mañana. No importa que esté vivo y dando vida, cuando lo nombro, siempre es en pasado, casi como si no hubiera existido.
5. PARADERO: ¿adónde creés que te vas a esconder, si de un fantasma no se puede escapar?
6. GENTILEZA: "si estás embarazada o con pibes podés pasar directamente... igual pasá, hay tipos que vienen con bebés para pasar primero y me hacen dar bronca, hoy el calor es inhumano para todos"
7. DOBLE RACIÓN: "No hay fruta, agarrate otro pan". Como si fuera lo mismo, como si diera lo mismo.
8. FANTASMAS: cuando estás por dejar algo, te cruzás con todas las razones que, a lo largo de los años, tuviste para no dejarlo.
9. PORTACIÓN DE CARA: el tipo me había manoteado durante un recital, era piba, boluda, corrí y me largué a llorar. Lo vi ayer, hoy, mañana. Trabaja en la esquina de casa. Pasó media década, yo sé que soy una más en su haber, pero él es el único que miro y me da náuseas.
10. PUNTOS CARDINALES: "son 6 pesos", "son 6,25, porque aunque sean 15 cuadras, hay cambio de sección", "¿por qué me peleás por 25 centavos si a fin de año vas a pagar 11 mangos"... y así los choferes de la línea ESTE, demuestran que hace mil años que perdieron el norte.
11. CEBADA: pensaba que en verano y con cuarenta grados, me bastaba un helado para ser feliz. Y entonces descubrí la birra recién sacada de la heladera.
12. USOS: los volantes que dan los pibes vestidos de cocineros no sirven ni para abanicarse. Es en ese momento cuando hay que recurrir a la chica que reparte las muestritas de Pantene.
13. CON LA FRENTE MARCHITA: uno empieza a entender el tango cuando está más lejos de cumplir 15 que de llegar a duplicarlos.
14. LA MEDIA VUELTA: andate de mi mundo, andate con el sol, andate cuando se muera la tarde.
15. AL REVÉS: en el Registro Civil, a mayor edad, mayor el arancel (y ni hablar si ya estás muerto)
16. FICCIÓN; y no hay novela que pueda se le pueda comparar a lo intrincado de algunas realidades.
sábado, 28 de enero de 2017
Como si nada
Rompí tus cartas, borré tus conversaciones y cerré mis
cuentas. Cogí mis sábanas e hiberné en ellas todo el día.
Cuando era chica decía que quería ser médica para inventar
la vacuna contra el mal de amores, esa que ahora me ayudaría a verte, oírte y pasar
ratos con vos como si nada, pero sabiendo que habíamos vivido un “como si todo”;
porque no importa qué tan corto pudo haber sido nuestro camino, sino la marca
que ya nos dejamos.
Y ahí estaba yo, lidiando con mi alma de a ratos, de a
cuajos, de a pedacitos cada vez más delicados. Los dos amamos ganar, tanto que
hasta nos duele empatar.
“Yo no quiero cagarla”,
me dijiste.
“Y yo tampoco te quiero a medias”, te respondí.
Por más que quisiéramos ganar (nos), teníamos mucho para
perder.
Pensé en Agatha Christie y el modo brutal que tuvo de hacer
de su historia una ficción. También pensé en la treinta y única película que me
hizo llorar: el Eterno Resplandor de Una Mente Sin Recuerdos. Suspiré.
En la única red social de la que no había podido borrar tu
rastro encontré un mensaje tuyo. Uno que probablemente me mandaste con varias
copas de más y del que quizá-no sé- ante mi letal respuesta, te arrepentiste.
Se supone que cuando alguien está en un break como Rachel y
Ross, los implicados no se escriben, no se ríen, no se miran y mucho menos
confiesan que se extrañan. Sin embargo, vos y yo… lo creo imposible.
Fue en ese momento cuando lo entendí todo. No puedo borrarte
de mi vida, ni puedo borrarme de la tuya. Yo no puedo dejar de lidiar con tu
presencia y vos no me podés sacar de tu cabeza.
Llegué a la conclusión de que tenemos que aprender, pese a
nosotros mismos, a vivir juntos pero no revueltos, como en un cuento infinito. Ninguno
de los dos pierde, pero ninguno de los dos se va a dejar ganar.
Estamos sin ser y no somos nada, pero te sigo mirando, te
sigo mirando y mirando y seguís siendo todo.
jueves, 29 de diciembre de 2016
La no-certeza
Le escribí una madrugada cuando vi que había cambiado su estado de Whatsapp. Decía "Bebu te re amo" y soy tan inocente, incrédula, in... que pensé que era un perro, un gato o cualquier otra mascota. Sara es bichera, lo fue toda la vida, no tenía que sorprenderme que manifestara ese amor por un animalito. En tono de broma le puse "¿Quién o qué será Bebu? jajajaja"
La respuesta me llegó casi un día después: "es mi marido x, ahi algún problema?", ni siquiera un hola, ni siquiera un "cómo estás amiga?", sólo esa oración en seco, como si me la escupiera en la cara. Me quedé helada. Mi amiga, que al igual que yo ostenta un título universitario, nunca, jamás de los jamases confundiría "hay" con "ahí". Algo pasaba. Respondí, le aclaré que era una broma, que no se molestara, que pensé que era un perro, un gato o algo así y le pregunté cómo estaba. Cuando terminé de mandar el último mensaje, me di cuenta de que me tenía bloqueada.
Mi cabeza empezó a dar vuelta tras vuelta. Lo primero que hice fue mandarle mensajes a otras redes sociales para verificar si ese número seguía siendo el de ella, luego me puse en contacto con su madre y una hermana, que me aseguraron que mi amiga estaba bien y después intenté llamarla.
La última vez que nos habíamos visto, mientras tomábamos un helado en plaza Italia, me dijo que quería separarse, que su marido la tenía harta, que era un flojo, un vago de mierda y que si bien lo había echado de la casa una incontable cantidad de veces, siempre la terminaba convenciendo de que iba a cambiar y aflojaba. Ella inclusive se resistía a llamarlo marido porque no estaban casados, no quería saber nada con tener hijos con él y le veía una pronta fecha de vencimiento a esa relación.
Seguí insistiendo en comunicarme con ella, posteé en su muro, volví a los inbox y repregunté a su familia si estaban seguros de que Sara se encontraba bien. Las respuestas, o mejor dicho, las no-respuestas, no habían cambiado.
Cuando se cumplió una semana de ese primer "¿Quién o qué será Bebu?", recibí un mensaje de ella, volví a ver su foto de perfil y su respuesta setting por excelencia "Hola amiga, todo josha", el texto seguía con "Bebu es mi marido x, pasa que le digo así de cariño, vos todo bien?". A los dos segundos, también me respondió mis inbox de Facebook, aunque era innecesario y me comentó que su madre le dijo que había estado preguntando. Efectivamente todos mis intentos por contactarme dieron fruto.
Por esos días estaba a punto de recibirme y como nos conocemos de toda la carrera, fue una de las primeras personas a las que le avisé. Su contestación no se hizo esperar: "Ke emoción! hay estaré amiga". Cuando me recibí, no vino. Todavía dudo de si la voy a volver a ver, si realmente hablaba con ella y si realmente es/está.
domingo, 18 de diciembre de 2016
Me recibí
Cuando estaba en segundo año, mi profesora de Antropología me dijo: "Vas a caer no cuando te recibas, sino la primera vez que te presentes y digas 'soy fulana, licenciada/profesora/técnica o lo que sea'". Como lo escribo todo, en ese momento me imaginé en un futuro sentada frente a la compu, terminando un word eterno al que firmaría como primero con mi título y después con mi nombre. Todavía no llegué a eso, pero en cualquier momento puede pasar.
En 2013, cuando estaba en cuarto de la Licenciatura, me anoté también para el Profesorado. Tenía que hacer alrededor de 10 materias y como dos años antes había sido capaz de meter 11, sabía que podía. En medio de todo eso, me pasó la vida, giré para tantos lados como pude y llegué a 2014 diciendo que nunca más pisaba la Facultad de Periodismo. Arranqué Económicas, me encantó, pero metía materias no como máquina sino como carreta y mi vida de adulto, esa que de a poco empezaba a ser cada vez más importante, me exigía dispersarme menos y empezar nuevos caminos. Tenía que sacarme cosas de encima, tenía que empezar a terminar cosas, a dejar de dividirme, dejar de pensar en el pasado y en todo lo que no hice, para empezar a concretar todo y lo mucho que quería hacer conmigo. No había ni hay otro modo que no sea ir para adelante.
Empecé este año, vi mi analítico y para ser profesora me faltaban cinco materias. Meterlas después de un año en el que sólo había hecho dos era ponerme a estudiar el doble de tiempo y hacer el doble de esfuerzo. Cuando lo dije y lo pensé, no recibí otra cosa que muestras de apoyo y no pude hacer otra cosa que avanzar. Y así llegué, pasito a pasito, aprobé 1, 2, 3 materias y cuando me faltaban las últimas dos me morí de miedo, de dudas, de nervios, pero sabía que si no seguía caminando, nunca iba a poder correr.
Cuando después del coloquio más largo de la historia, dijeron "está bien", me quedé dura, hasta que alguien que siempre tuve al lado en todo este cuatrimestre dijo: "un aplauso para la compañera, que se acaba de recibir". Me aplaudieron más que al resto y me puse bordó como siempre.
Primero le avisé a mamá y mis hermanos por nuestro grupo de whatsapp que se llama "May the four be with you", haciendo alusión a la frase de Star Wars (May que force be with you) y al hecho de que somos cuatro y en la vida y para todo, la fuerza viene de la familia. Ellos no estuvieron físicamente, pero siempre estuvieron ahí, siempre están en todas.
Después se fueron enterando todos mis mundos: mis amigos, mis compañeros de las dos facultades, mis compañeros de militancia, el resto de mi familia, mi jefa, el pibe. Lo que siguió fue un baño eterno en espuma y agua que duró desde la facu hasta el centro ininterrumpidamente, correr al trabajo, comer con más placer que nunca y después de casi ocho horas, dormir de corrido durante casi nueve horas y abrir el vino que había prometido tomar sólo después de rendir la última materia.
Todavía no caigo y no sé cuándo lo haré. Lo único que tengo claro es que terminar cosas te hace libre, empezar nuevas etapas, también. Una vez más, estoy lista. (Y la fuerza está conmigo)
En 2013, cuando estaba en cuarto de la Licenciatura, me anoté también para el Profesorado. Tenía que hacer alrededor de 10 materias y como dos años antes había sido capaz de meter 11, sabía que podía. En medio de todo eso, me pasó la vida, giré para tantos lados como pude y llegué a 2014 diciendo que nunca más pisaba la Facultad de Periodismo. Arranqué Económicas, me encantó, pero metía materias no como máquina sino como carreta y mi vida de adulto, esa que de a poco empezaba a ser cada vez más importante, me exigía dispersarme menos y empezar nuevos caminos. Tenía que sacarme cosas de encima, tenía que empezar a terminar cosas, a dejar de dividirme, dejar de pensar en el pasado y en todo lo que no hice, para empezar a concretar todo y lo mucho que quería hacer conmigo. No había ni hay otro modo que no sea ir para adelante.
Empecé este año, vi mi analítico y para ser profesora me faltaban cinco materias. Meterlas después de un año en el que sólo había hecho dos era ponerme a estudiar el doble de tiempo y hacer el doble de esfuerzo. Cuando lo dije y lo pensé, no recibí otra cosa que muestras de apoyo y no pude hacer otra cosa que avanzar. Y así llegué, pasito a pasito, aprobé 1, 2, 3 materias y cuando me faltaban las últimas dos me morí de miedo, de dudas, de nervios, pero sabía que si no seguía caminando, nunca iba a poder correr.
Cuando después del coloquio más largo de la historia, dijeron "está bien", me quedé dura, hasta que alguien que siempre tuve al lado en todo este cuatrimestre dijo: "un aplauso para la compañera, que se acaba de recibir". Me aplaudieron más que al resto y me puse bordó como siempre.
Primero le avisé a mamá y mis hermanos por nuestro grupo de whatsapp que se llama "May the four be with you", haciendo alusión a la frase de Star Wars (May que force be with you) y al hecho de que somos cuatro y en la vida y para todo, la fuerza viene de la familia. Ellos no estuvieron físicamente, pero siempre estuvieron ahí, siempre están en todas.
Después se fueron enterando todos mis mundos: mis amigos, mis compañeros de las dos facultades, mis compañeros de militancia, el resto de mi familia, mi jefa, el pibe. Lo que siguió fue un baño eterno en espuma y agua que duró desde la facu hasta el centro ininterrumpidamente, correr al trabajo, comer con más placer que nunca y después de casi ocho horas, dormir de corrido durante casi nueve horas y abrir el vino que había prometido tomar sólo después de rendir la última materia.
Todavía no caigo y no sé cuándo lo haré. Lo único que tengo claro es que terminar cosas te hace libre, empezar nuevas etapas, también. Una vez más, estoy lista. (Y la fuerza está conmigo)
domingo, 27 de noviembre de 2016
Debut Y Despedida
El bolichongo y la hora son irrelevantes. Los dos tienen la misma edad. Son estudiantes universitarios, de clase media-media, de la misma provincia, que viven en la misma ciudad
-Yo la verdad que no lo entiendo, ¿vos viste la cantidad de pibes al pedo que militan?, que dicen Cristina esto, Macri tal cosa, que Perón aquello, que Del Caño lo otro. A ver, flaco, tus estudios salen de mis impuestos y vos te ponés a pintar carteles con una remerita. Que vayan a laburar si tan al pedo están, militar no te lleva para ningún lado. Lo que más me revienta, te lo juro, es cuando salen a marchar o cortan una calle y llego tarde a todas partes. ¿Cómo le explico a tu jefa que no me quise demorar, que fueron estos negros de mierda reclamando para no sé qué y al pedo?, las cosas no se solucionan haciendo un piquete o manifestándote en una calle, es más, te pueden matar como le pasó a los pibes del boleto.
- ¿Los de la Noche de los Lápices?
-Sí, esos. Iba a decir la Noche de los Bastones Largos, siempre me las confundo. Gracias. Podrían haberse quedado en sus casas, esperando que volviera la Democracia. Aparte había minas. Con lo machista que es la sociedad y más la sociedad platense, ¿te pensás que pueden llegar a hacer algo más que limpiar el piso del local del partido?, eso era así y debe seguir siendo así, seguro que cuando hay que tomar decisiones importantes, las ponen a servir la comida, o cuidar a los nenes, de eso no pasan, más allá de eso no crecen.
-Con ese criterio, no deberíamos haber tenido mujeres en la presidencia, en la gobernación... ¿la de tu centro de estudiantes?
-Andá a saber a quién le hicieron el favor, ¿me vas a decir que Isabel tenía formación política?, de otra manera... yo no creo, lo dudo mucho. Encima estamos en una época en la que la gente recién te conoce y ya te pregunta a quién votaste.
-¿A quién votaste? (risas)
-Lo voté a Macri porque mi casa en 2013 se inundó, ¿podemos pasar a un tema más interesante?, ¿por qué me ponés esa cara?, ¿dije algo malo?, yo hablé mucho, ¿vos qué opinás de todo esto de la política? te aburre, ¿no?
Demás está decir que no hubo segunda vez.
-Yo la verdad que no lo entiendo, ¿vos viste la cantidad de pibes al pedo que militan?, que dicen Cristina esto, Macri tal cosa, que Perón aquello, que Del Caño lo otro. A ver, flaco, tus estudios salen de mis impuestos y vos te ponés a pintar carteles con una remerita. Que vayan a laburar si tan al pedo están, militar no te lleva para ningún lado. Lo que más me revienta, te lo juro, es cuando salen a marchar o cortan una calle y llego tarde a todas partes. ¿Cómo le explico a tu jefa que no me quise demorar, que fueron estos negros de mierda reclamando para no sé qué y al pedo?, las cosas no se solucionan haciendo un piquete o manifestándote en una calle, es más, te pueden matar como le pasó a los pibes del boleto.
- ¿Los de la Noche de los Lápices?
-Sí, esos. Iba a decir la Noche de los Bastones Largos, siempre me las confundo. Gracias. Podrían haberse quedado en sus casas, esperando que volviera la Democracia. Aparte había minas. Con lo machista que es la sociedad y más la sociedad platense, ¿te pensás que pueden llegar a hacer algo más que limpiar el piso del local del partido?, eso era así y debe seguir siendo así, seguro que cuando hay que tomar decisiones importantes, las ponen a servir la comida, o cuidar a los nenes, de eso no pasan, más allá de eso no crecen.
-Con ese criterio, no deberíamos haber tenido mujeres en la presidencia, en la gobernación... ¿la de tu centro de estudiantes?
-Andá a saber a quién le hicieron el favor, ¿me vas a decir que Isabel tenía formación política?, de otra manera... yo no creo, lo dudo mucho. Encima estamos en una época en la que la gente recién te conoce y ya te pregunta a quién votaste.
-¿A quién votaste? (risas)
-Lo voté a Macri porque mi casa en 2013 se inundó, ¿podemos pasar a un tema más interesante?, ¿por qué me ponés esa cara?, ¿dije algo malo?, yo hablé mucho, ¿vos qué opinás de todo esto de la política? te aburre, ¿no?
Demás está decir que no hubo segunda vez.
domingo, 6 de noviembre de 2016
Poder decir... adiós.
Fue rápido y sin anestesia. Como cuando te sacás una curita
de repente, sin ni siquiera mirar el lugar del cuerpo en el que la tenías
puesta. Así fue que me dejó irme. Sin ni siquiera mirarme, sin darme la
posibilidad de reaccionar o poder decir adiós también. No, nada, ninguno,
nunca. Fue.
Y yo no lo
amaba. No sentía que explotaba cuando lo veía. No se me aceleraba el corazón
como si no hubiera mañana, ni era mi único pensamiento en el día o en la noche.
No recordaba nuestras conversaciones como únicas, él no me parecía lindo y
algunas veces, sobre todo cuando escribía de una forma abismalmente diferente a
la mía, me parecía demasiado básico. Pero hablando de política me daba vuelta
como una media, era de esos que de la cuna al cajón se casan con las ideas que
trascienden y superan a los hombres que las elaboran, que tenía los ideales que
le dio nuestro partido como una forma de vida y que podía llegar a matar y a
morir por ellos. Daba gusto ver a alguien que en una época de descreimiento
político tan fuerte, defendía a muerte nuestras banderas. Y sin embargo, nadie
puede ser especial del todo ni perfecto al cien por ciento. Yo no lo era ni lo
soy, él menos.
Me cayó bien de entrada, cosa que me pasa con el 1% de las
personas y siempre que le tuve que hablar, de cualquier tema, me sentía segura,
cómoda. Él no la iba de careta, y la experiencia era su fundamento no algo de
lo que se pavoneara. Eso me encantaba, pero con eso sólo, se comprobó que no
alcanzaba. Si en cosas chiquitas uno reacciona desproporcionadamente mal, se
precipita, no da la posibilidad de una réplica, una explicación o mínimo una
conversación, es que no está preparado para grandes cosas, que no las
afrontará, porque quizá no quiera o quizá no pueda. La que al fin y al cabo le
terminó quedando grande fui yo, que no lo amaba, como ya dije, que no sentía
que fuera el amor de mi vida, mi novio, mi amante ni nada que lleve
"ama" como letras iniciales... y sin embargo, cuando me dejó ir,
algo, además del mundo, se siguió moviendo. Para un "para siempre"
que se convirtió en diez segundos en "hasta nunca", es esta mi
despedida. Poder y saber decir adiós es crecer.
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