sábado, 23 de abril de 2016

Puedo contar hasta el infinito

Seguro tuviste más de un problema por ser principista, tozudo y pensar todo quinientas veces como buen taurino. Conociste a la abuela aprendiendo idiomas, sabías hablar cuatro, igual que yo. La frase de cabecera de mi blog es la misma que está en la primera obra que estrenaste con tu escuela de Teatro. Yo me enteré cuando llegué al posteo 50, vos quizá lo sabías. A veces quiero creer que lo sabías o que cuanto menos te lo imaginabas. Por eso todo.

Cuando di mi primera clase de Literatura, fuiste la primera persona que se me vino a la cabeza, después mamá, los chicos, mi nonno, pero primero vos, porque había escrito con una tiza fucsia, en parte queriendo y en parte sin querer "G. Bibiloni. Literatura 1" y sabía que vos hacía casi 60 años, con otra letra y en otro contexto, también habías hecho lo mismo. Sentí tanta emoción y tanto orgullo, que el miedo inicial se me fue, empecé a hablar, puse un tema de Serú Girán y repartí un texto de Sábato, Estabas ahí, no lo dudo.

Quiero creer que lo sentías. Que tenías la certeza de que tus libros, tus escritos y hasta tus cuadernos algún día iban a estar en mis manos o en las de alguno de tus otros diez nietos y que fue precisamente por eso que todas las portadas tienen tu firma y la fecha y que algunas páginas están marcadas o señaladas adrede, destinadas a alguien que quizá era alguien más, que no eras vos y tal vez era yo. Aunque no estuvieras físicamente, de alguna forma querías estar, te querías quedar. Permaneciste.

¿Cómo explico que te conozco, aunque nunca nos conocimos?
Sigamos contando hasta el infinito, como quería Ionesco.



sábado, 2 de abril de 2016

Llamalo mágico

Valió la pena. Absolutamente todo valió la pena. Lo volvería a hacer una y mil veces. 

Cuando uno hace cuentas regresivas no sólo le va restando horas al día, sino que también vive esas horas con una intensidad diferente a la de otras veces. Ayer fue uno de esos días en los que cada hora se vive como un día distinto y cada momento te queda grabado a fuego, casi casi como si fuera un tatuaje. 
El 4 de febrero cuando después de dimes y diretes, idas y venidas por fin tuve mi entrada. Sí. Iba a ir a ver a Coldplay por primera vez y en mi ciudad, La Plata. Ayer, 1 de abril de 2016, esa espera que había empezado hacía cincuentipico de días, dejó de ser espera y comenzó a hacerse realidad. 

Mis amigas y yo llegamos a hacer la cola a la avenida 32 después del mediodía y a partir de las dos de la tarde empezó a lloviznar. Nadie pensó que la lluvia duraría tanto, al menos no tanto como para que los vendedores ambulantes se avivaran y empezaran a vender al módico precio de $30 bolsas de consorcio de todos colores, a modo de impermeables. Sí, las usamos y sí, nos cubrieron de la lluvia no solo afuera, sino también adentro del estadio. Para las seis de la tarde, esa misma bolsita que te cobraban a $30 ya rondaba los cincuenta y llegué a escuchar precios aún mayores. La lluvia parecía no dar tregua y alguien, un pájaro de muy mal agüero se aventuró a decir "¿y qué pasa si con toda esta agua se mojan los equipos y se suspende el recital?" Estando a dos filas del escenario, por más que nos siguiéramos mojando, no nos íbamos a mover, si habíamos hecho todo para estar ahí, ¿por qué no podíamos hacer todo y un poquito más?. Ahí nos quedaríamos por más que nevara, temblara o se desatara el diluvio universal. 



Después de dos teloneras, la última, Lianne La Havas que la rompió con una versión de "I say a little prayer" de Aretha Franklin, y varios minutos de incertidumbre que pasaron entre máquinas que conectaban y desconectaban y secadores de piso, se apagaron las luces. Salvo porque el corazón me latía tan pero tan fuerte que me aturdía, no escuchaba-no era capaz de escuchar- nada más a mi alrededor. El estadio había enmudecido, pero nuestros corazones no podían parar de gritar. El cielo no estaba lleno de estrellas ni nada parecido, pero para nosotros, ese segundo significaba el paraíso.
Cuando el escenario se encendió, las luces que teníamos en las muñecas también. Ahí estaba la banda, la espera terminó. Yo estaba ahí y ellos, tan fantásticos, tan grandes, tan intangibles, también estaban ahí, bajo la misma lluvia incansable, bajo la misma euforia. Tardé un tema más en caer. Eran ellos, estaban tocando Yellow y no importaba más nada. Tocaron Shriver y no pude contener las lágrimas. 
Del show mismo no tengo palabras, todas las que pueda llegar a decir, me quedan chicas para tantas emociones juntas. Escuchar en vivo esas canciones con las que pasó parte de mi vida, sigue siendo una locura y de las más lindas.
Vimos a Coldplay envueltas en plástico, ¿y qué importa?, no éramos las únicas. Por toda la ciudad había cuadras y cuadras de xylobands que se negaban a apagarse. Todos queríamos que este momento, que la sensación y las mil y una cosa que sentimos dentro del estadio siguieran encendidas todo el tiempo que fuera posible. 
Las bolsas nos siguieron sirviendo para no morir de frío mientras mis amigas y yo pateábamos por avenida 19, esperando que un remis nos quisiera llevar de a cinco. Mi entrada quedó hecha un bollito verdeazulado en el fondo de una cartera que no paraba de chorrear, aún hoy, me sigo sacando papel picado del pelo y no puedo ni poner Fix You sin que el cuerpo me dé un vuelco o se me ponga la piel de gallina.  

El frío, el hambre, el sueño, la sed, el dolor en ya no sabía dónde, los dedos arrugados de estar pasadas por agua, los tirones de pelo, los empujones y todos los etcétera pasaron a segundo plano. Estaba cantando, agitando, pogueando, bailando, saltando y varios -ando más con mis amigas, con 50 mil personas más y con Coldplay. El mismo amor, la misma lluvia. Por dos horas no hubo otra cosa. Fuimos felices. Nada más y nada menos que eso. El gracias también me queda chico. Todo valió la pena, absolutamente todo. No lo pienso ni media vez más, lo volvería a hacer. 

viernes, 11 de marzo de 2016

La espera

Son las 8. La hora que habíamos convenido para encontrarnos.Yo estoy ahí, siempre llego puntual, a veces hasta me paso y soy impuntual, pero por llegar demasiado temprano.
Desde las menos cuarto que miro hacia el picaporte, sabiendo y sin saber si la próxima persona que va a entrar sos o no sos vos, si venís o sólo vine a perder el tiempo, el día y un poquito menos del orgullo que quedaba por ahí un par de veces evitó que cometiera varias locuras.
Si mi orgullo no existiera, desde las y media que te estaría esperando, pero no, di tres vueltas a la manzana antes de entrar.

¿Estarás haciendo lo mismo o ni siquiera saliste de tu casa?
Conté ovejas toda la noche y con vos podría contar hasta el infinito, te juro. Se hicieron las ocho sí.
Entraron dos señoras, un perro, un elefante rosado, un unicornio azul y un caballo que habla. ¿Qué dije?, ¿que puedo contar hasta el infinito?, ¿realmente puedo?, ¿realmente quiero?

Yo no soy Penélope de nadie, ¿por qué tendría que esperarte? La respuesta es obvia, me la estoy jugando, a todo o nada, a matar o morir, a entregarme o no.

Son las ocho y media. No puedo más. Me voy, me voy, esto fue un error, pensé que estabas cerca, pensé que estabas, que te pasaba lo mismo que a mí, y no. Ya me volví estúpida mirando al picaporte, sintiendo el chirrido de la puerta, mirando pies que no son los tuyos, cuerpos que ni se le parecen al tuyo y presencias que no me hacen tener el corazón en la boca.
Me levanto. Estoy dolida, decepcionada, rota. ¿No era que el universo se complotaba con las causalidades cuando querías algo?, ¿por qué ahora no pasa nada?, ¿por qué?

--Victoria.
El grito viene desde el fondo. Me estremece de pies a cabeza. Es la voz que quería escuchar, tu voz.
Me doy vuelta. Estás ahí. Te veo levantarte, te veo mirarme.
--Me cansé de dar vueltas a la manzana, te estaba esperando.Yo también te estaba esperando.

lunes, 7 de marzo de 2016

Para economizar

-Decime tu apellido gordi
-Bibiloni.
a) -¿Cómo?, ¿me lo deletreás? ¡por favor!
-B I B I...
-¿Larga o corta la b?
-Larga.
b) Babiloni, ok.
-No, con I
-Sí, Babiloni
-No, B I B I L O N I
-Como Babilonia, pero con otra I
-Y sin ninguna A.
-¿Y qué significa?
-Aparentemente, Babilonia, con todas las A.
c) -Bibiloni (dicho con entonación italiana) ¿Lleva doble l o doble n?
-Ni lo uno ni lo otro, se escribe como suena y se pronuncia como se escribe. Y es español.
-Pero suena italiano, ¿estás segura?
-Segurísima. Es de Mallorca y hay registros desde el siglo XIII
d) -Y vos, Bibiana ¿qué opinás?
-Victoria.
-Pasa que el apellido... es muy... demasiadas I, demasiadas B. ¿te molesta si te digo Bibi a secas? para economizar, digo.

domingo, 6 de marzo de 2016

El Gabo y Quino

«Quino, con cada uno de sus libros, lleva ya muchos años  demostrándonos que los niños son los depositarios de la sabiduría. Lo malo para el mundo es que a medida que crecen van perdiendo el uso de la razón, se les olvida en la escuela lo que sabían al nacer, se casan sin amor, trabajan por dinero, se cepillan los dientes, se cortan las uñas, y al final - convertidos en adultos miserables - no se ahogan en un vaso de agua sino en un plato de sopa. Comprobar esto en cada libro de Quino es lo que más se parece a la felicidad: la quinoterapia.»

Gabriel García Márquez, 92


viernes, 26 de febrero de 2016

Podría vivir sin vos, pero no quiero (arder y durar)

Podría vivir sin vos. Estaría tranquila. No me despertaría todas las mañanas con ese "no sé qué" en la panza que tengo desde el segundo exacto en que te conocí, ni recordaría a la perfección el ruido de tu cuerpo desplomándose sobre la silla que acercaste a la mía la primera vez que hablamos. 
Podría vivir sin vos. Sin buscarle explicación a tus arrebatos, a lo intempestivo de tus reacciones, a tus enojos en oleada, sin negociar con tu capacidad para sorprenderme, descolocarme y dejarme sin pies, ni cabeza, sin saber dónde estoy, ni para donde voy, sabiendo sólo que voy con vos.
Podría, sí, en uno de mis arranques, enojarme, borrarte de todas partes, sacarte de raíz, fingir que fuiste un sueño, una alucinación... podría creer o hacer como si creyera que no exististe, que no fuiste, que no eras, que no fuimos. Sí. Podría. Podría y de ahí en adelante mi vida seguiría su curso, la tuya el suyo, viviríamos el tiempo que nos quede, pero sin compartirlo. Me resisto. Una y mil veces me resisto.
Podría hacerme la boluda, decir que sólo convergimos en un punto, para chocarnos, explotar y arder como lo hicimos, para luego desintegrarnos en la nada misma, como le pasa a dos desconocidos cualquiera, de esos que arden más de lo que duran o duran más de lo que arden. Nosotros no. Yo con vos no. Vos conmigo, menos.
Quizá hubiésemos podido vivir, yo sin vos, vos sin mí, nosotros sin nosotros, pero no pasó. No era ni siquiera viable. En medio de nuestra colisión, de nuestras coincidencias y diferencias nos transformamos, no volvimos a ser los mismos. No pudimos, ni quisimos. Y es precisamente por eso que hoy caigo en la cuenta de que aunque sé que podría vivir sin vos, no quiero, porque te elijo, hoy y mañana. Mientras arda, mientras dure, mientras me sigas sorprendiendo, mientras al encontrarnos podamos seguir siendo. Aunque no seamos siempre los mismos, siempre somos, siempre seremos. 

jueves, 21 de enero de 2016

... Por eso vengo a militar...

"...Nunca quise tanto a nadie como vos, por eso vengo a

 militar, la UCR es mi vida vos la pasión, vos la cosa más 

grande que llevo en el corazón. Mi sangre es roja y blanca 

también, somos del partido de Yrigoyen y de Alem..."

https://www.youtube.com/watch?v=DNafzVspO0c