sábado, 28 de enero de 2017

Como si nada


Rompí tus cartas, borré tus conversaciones y cerré mis cuentas. Cogí mis sábanas e hiberné en ellas todo el día.
Cuando era chica decía que quería ser médica para inventar la vacuna contra el mal de amores, esa que ahora me ayudaría a verte, oírte y pasar ratos con vos como si nada, pero sabiendo que habíamos vivido un “como si todo”; porque no importa qué tan corto pudo haber sido nuestro camino, sino la marca que ya nos dejamos.
Y ahí estaba yo, lidiando con mi alma de a ratos, de a cuajos, de a pedacitos cada vez más delicados. Los dos amamos ganar, tanto que hasta nos duele empatar.
 “Yo no quiero cagarla”, me dijiste.
“Y yo tampoco te quiero a medias”, te respondí.
Por más que quisiéramos ganar (nos), teníamos mucho para perder.
Pensé en Agatha Christie y el modo brutal que tuvo de hacer de su historia una ficción. También pensé en la treinta y única película que me hizo llorar: el Eterno Resplandor de Una Mente Sin Recuerdos. Suspiré.
En la única red social de la que no había podido borrar tu rastro encontré un mensaje tuyo. Uno que probablemente me mandaste con varias copas de más y del que quizá-no sé- ante mi letal respuesta, te arrepentiste.
Se supone que cuando alguien está en un break como Rachel y Ross, los implicados no se escriben, no se ríen, no se miran y mucho menos confiesan que se extrañan. Sin embargo, vos y yo… lo creo imposible.
Fue en ese momento cuando lo entendí todo. No puedo borrarte de mi vida, ni puedo borrarme de la tuya. Yo no puedo dejar de lidiar con tu presencia y vos no me podés sacar de tu cabeza.
Llegué a la conclusión de que tenemos que aprender, pese a nosotros mismos, a vivir juntos pero no revueltos, como en un cuento infinito. Ninguno de los dos pierde, pero ninguno de los dos se va a dejar ganar.
Estamos sin ser y no somos nada, pero te sigo mirando, te sigo mirando y mirando y seguís siendo todo.

jueves, 29 de diciembre de 2016

La no-certeza

Le escribí una madrugada cuando vi que había cambiado su estado de Whatsapp. Decía "Bebu te re amo" y soy tan inocente, incrédula, in... que pensé que era un perro, un gato o cualquier otra mascota. Sara es bichera, lo fue toda la vida, no tenía que sorprenderme que manifestara ese amor por un animalito. En tono de broma le puse "¿Quién o qué será Bebu? jajajaja"
La respuesta me llegó casi un día después: "es mi marido x, ahi algún problema?", ni siquiera un hola, ni siquiera un "cómo estás amiga?", sólo esa oración en seco, como si me la escupiera en la cara. Me quedé helada. Mi amiga, que al igual que yo ostenta un título universitario, nunca, jamás de los jamases confundiría "hay" con "ahí". Algo pasaba. Respondí, le aclaré que era una broma, que no se molestara, que pensé que era un perro, un gato o algo así y le pregunté cómo estaba. Cuando terminé de mandar el último mensaje, me di cuenta de que me tenía bloqueada.
Mi cabeza empezó a dar vuelta tras vuelta. Lo primero que hice fue mandarle mensajes a otras redes sociales para verificar si ese número seguía siendo el de ella, luego me puse en contacto con su madre y una hermana, que me aseguraron que mi amiga estaba bien y después intenté llamarla.
La última vez que nos habíamos visto, mientras tomábamos un helado en plaza Italia, me dijo que quería separarse, que su marido la tenía harta, que era un flojo, un vago de mierda y que si bien lo había echado de la casa una incontable cantidad de veces, siempre la terminaba convenciendo de que iba a cambiar y aflojaba. Ella inclusive se resistía a llamarlo marido porque no estaban casados, no quería saber nada con tener hijos con él y le veía una pronta fecha de vencimiento a esa relación. 
Seguí insistiendo en comunicarme con ella, posteé en su muro, volví a los inbox y repregunté a su familia si estaban seguros de que Sara se encontraba bien. Las respuestas, o mejor dicho, las no-respuestas, no habían cambiado.
Cuando se cumplió una semana de ese primer "¿Quién o qué será Bebu?", recibí un mensaje de ella, volví a ver su foto de perfil y su respuesta setting por excelencia "Hola amiga, todo josha", el texto seguía con "Bebu es mi marido x, pasa que le digo así de cariño, vos todo bien?". A los dos segundos, también me respondió mis inbox de Facebook, aunque era innecesario y me comentó que su madre le dijo que había estado preguntando. Efectivamente todos mis intentos por contactarme dieron fruto. 
Por esos días estaba a punto de recibirme y como nos conocemos de toda la carrera, fue una de las primeras personas a las que le avisé. Su contestación no se hizo esperar: "Ke emoción! hay estaré amiga". Cuando me recibí, no vino. Todavía dudo de si la voy a volver a ver, si realmente hablaba con ella y si realmente es/está.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Me recibí

Cuando estaba en segundo año, mi profesora de Antropología me dijo: "Vas a caer no cuando te recibas, sino la primera vez que te presentes y digas 'soy fulana, licenciada/profesora/técnica o lo que sea'". Como lo escribo todo, en ese momento me imaginé en un futuro sentada frente a la compu, terminando un word eterno al que firmaría como primero con mi título y después con mi nombre. Todavía no llegué a eso, pero en cualquier momento puede pasar.
En 2013, cuando estaba en cuarto de la Licenciatura, me anoté también para el Profesorado. Tenía que hacer alrededor de 10 materias y como dos años antes había sido capaz de meter 11, sabía que podía. En medio de todo eso, me pasó la vida, giré para tantos lados como pude y llegué a 2014 diciendo que nunca más pisaba la Facultad de Periodismo. Arranqué Económicas, me encantó, pero metía materias no como máquina sino como carreta y mi vida de adulto, esa que de a poco empezaba a ser cada vez más importante, me exigía dispersarme menos y empezar nuevos caminos. Tenía que sacarme cosas de encima, tenía que empezar a terminar cosas, a dejar de dividirme, dejar de pensar en el pasado y en todo lo que no hice, para empezar a concretar todo y lo mucho que quería hacer conmigo. No había ni hay otro modo que no sea ir para adelante.
Empecé este año, vi mi analítico y para ser profesora me faltaban cinco materias. Meterlas después de un año en el que sólo había hecho dos era ponerme a estudiar el doble de tiempo y hacer el doble de esfuerzo. Cuando lo dije y lo pensé, no recibí otra cosa que muestras de apoyo y no pude hacer otra cosa que avanzar. Y así llegué, pasito a pasito, aprobé 1, 2, 3 materias y cuando me faltaban las últimas dos me morí de miedo, de dudas, de nervios, pero sabía que si no seguía caminando, nunca iba a poder correr.
Cuando después del coloquio más largo de la historia, dijeron "está bien", me quedé dura, hasta que alguien que siempre tuve al lado en todo este cuatrimestre dijo: "un aplauso para la compañera, que se acaba de recibir". Me aplaudieron más que al resto y me puse bordó como siempre.
Primero le avisé a mamá y mis hermanos por nuestro grupo de whatsapp que se llama "May the four be with you", haciendo alusión a la frase de Star Wars (May que force be with you) y al hecho de que somos cuatro y en la vida y para todo, la fuerza viene de la familia. Ellos no estuvieron físicamente, pero siempre estuvieron ahí, siempre están en todas.
  Después se fueron enterando todos mis mundos: mis amigos, mis compañeros de las dos facultades, mis compañeros de militancia, el resto de mi familia, mi jefa, el pibe. Lo que siguió fue un baño eterno en espuma y agua que duró desde la facu hasta el centro ininterrumpidamente, correr al trabajo, comer con más placer que nunca y después de casi ocho horas, dormir de corrido durante casi nueve horas y abrir el vino que había prometido tomar sólo después de rendir la última materia.
Todavía no caigo y no sé cuándo lo haré. Lo único que tengo claro es que terminar cosas te hace libre, empezar nuevas etapas, también. Una vez más, estoy lista. (Y la fuerza está conmigo)

viernes, 2 de diciembre de 2016

Paradero

Sos la segunda, tercera, cuarta, quinta persona que me pregunta por él. Como si implícitamente todos ya tuvieran asumido que sé todo de su vida y él de la mía, que por exceso, defecto, derivación o cualquier otro tipo de fenómeno natural o no, nos van a encontrar juntos. Y no, no sólo que no estamos juntos, sino que no somos juntos, ni estamos. Nada.
Sé que estoy y sé que existo porque en este momento estoy redactando estas líneas, sé donde me encuentro, sé quien soy. Él también está y existe, porque dio señales vida, de que el corazón le late, que el cerebro le carbura y demás. Pero que esté con vida no significa justamente que esté en mi vida. Hay un océano y medio de diferencia.
Lo extraño, sí. A veces lo extraño, otras pienso que fue un espejismo. Otras, como esta en la que no sé su paradero, busco frenéticamente evidencias que me hagan comprobar que fue real. Y sí, lo fue. Fulano, Mengana y Sultano lo conocen. La chica X cursó con él, el chico Y vivió con él un tiempo. Existió, sí, pero en parte yo también me lo armé para mí, a gusto y piacere. Ese defecto que tenía no me parecía tan defecto y esa virtud que apenas asomaba me parecía demoledora. Sin darnos cuenta, con todas las personas hacemos lo mismo. No hay alucinógeno más grande que la subjetividad. Lo extraño, sí. O quizás extraño lo que me gustaba de él y lo que me gustaba de mí, cuando estábamos/éramos y coincidíamos.
Los días pasan. Sos la sexta, séptima, octava persona que me pregunta por él. Como si en alguna parte de la Historia el mundo hubiera sido nuestro. Como si fuéramos indivisibles, como si nunca hubiésemos sido accidentales. Sí, yo sé por dónde empezar a buscarlo, sé qué coordenadas me pueden llevar hacia él, qué número buscar, qué botón presionar... Yo sé qué, pero qué sé yo, no sé cómo. Lo que no sé es si realmente quiero. ¿Por qué me arriesgaría buscar a alguien que tal vez ni siquiera pretenda ser encontrado, ni por mí, ni por vos, ni por nadie? ¿qué motivo tendría para cometer semejante estupidez (para algunos) o acto de valentía (para otros)?
Si es que es cierto que uno sólo aparece cuando y como quiere, no hay que precipitarse, ni rasgarse las vestiduras, ni rezarle a ningún santo, ni prender velas de colores y formas varias, ni forzar lo que se da o no. Solo el tiempo dirá si sos la novena o la décima persona que me pregunta por él o si todos, de una vez por todas, conoceremos su paradero.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Debut Y Despedida

El bolichongo y la hora son irrelevantes. Los dos tienen la misma edad. Son estudiantes universitarios, de clase media-media, de la misma provincia, que viven en la misma ciudad

-Yo la verdad que no lo entiendo, ¿vos viste la cantidad de pibes al pedo que militan?, que dicen Cristina esto, Macri tal cosa, que Perón aquello, que Del Caño lo otro. A ver, flaco, tus estudios salen de mis impuestos y vos te ponés a pintar carteles con una remerita. Que vayan a laburar si tan al pedo están, militar no te lleva para ningún lado. Lo que más me revienta, te lo juro, es cuando salen a marchar o cortan una calle y llego tarde a todas partes. ¿Cómo le explico a tu jefa que no me quise demorar, que fueron estos negros de mierda reclamando para no sé qué y al pedo?, las cosas no se solucionan haciendo un piquete o manifestándote en una calle, es más, te pueden matar como le pasó a los pibes del boleto.

- ¿Los de la Noche de los Lápices?

-Sí, esos. Iba a decir la Noche de los Bastones Largos, siempre me las confundo. Gracias. Podrían haberse quedado en sus casas, esperando que volviera la Democracia. Aparte había minas. Con lo machista que es la sociedad y más la sociedad platense, ¿te pensás que pueden llegar a hacer algo más que limpiar el piso del local del partido?, eso era así y debe seguir siendo así, seguro que cuando hay que tomar decisiones importantes, las ponen a servir la comida, o cuidar a los nenes, de eso no pasan, más allá de eso no crecen.

-Con ese criterio, no deberíamos haber tenido mujeres en la presidencia, en la gobernación... ¿la de tu centro de estudiantes?

-Andá a saber a quién le hicieron el favor, ¿me vas a decir que Isabel tenía formación política?, de otra manera... yo no creo, lo dudo mucho. Encima estamos en una época en la que la gente recién te conoce y ya te pregunta a quién votaste.

-¿A quién votaste? (risas)

-Lo voté a Macri porque mi casa en 2013 se inundó, ¿podemos pasar a un tema más interesante?, ¿por qué me ponés esa cara?, ¿dije algo malo?, yo hablé mucho, ¿vos qué opinás de todo esto de la política? te aburre, ¿no?

Demás está decir que no hubo segunda vez.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Mi historia con Historia

Historia siempre me pareció la materia más tediosa del Universo, este, el próximo y el que viene. Nadie me la enseñó tan bien como el último profesor que tuve en el secundario, que fue el único que me hizo ver que no era algo muerto e intangible sino que muchas veces, explicaba por qué estábamos como somos. Cumplía años el 17/10, pero era correligionario, reformista y había estado detenido durante el Cordobazo. Creo que saberlo me marcó para el después. En la Facultad de Periodismo, donde las tres Historias que había eran optativas, decidí no cursar ninguna y me dediqué a meter Sociología, Filosofía, Psicología, Economía, Derecho, Narrativas y etc. En Económicas, por el contrario, Historia es obligatoria. Sufrí desde el minuto cero, estaba negada y todos los sábados a la mañana, antes de ir a cursar me daba fiebre, pero la hice. No quedaba otra.

El sábado rendí. La tercera pregunta del último parcial era sobre el Cordobazo, me acordé de mi profesor, de que durante mi cumpleaños me dijo "naciste dos días después de que ganó el riojano, pero cuando todavía no gobernaba, el mismo año que se cayó el Muro en Berlín y 20 después del Cordobazo. Una lástima que seas taurina" y volvió a contarme su experiencia, mientras cortábamos la torta. Escribí casi tres hojas, aprobé y al menos por este año, terminé de cursar en Económicas.


Hola primeras vacaciones facultativas. Un gusto verlas. 

domingo, 6 de noviembre de 2016

Poder decir... adiós.

 Fue rápido y sin anestesia. Como cuando te sacás una curita de repente, sin ni siquiera mirar el lugar del cuerpo en el que la tenías puesta. Así fue que me dejó irme. Sin ni siquiera mirarme, sin darme la posibilidad de reaccionar o poder decir adiós también. No, nada, ninguno, nunca. Fue.

Y yo no lo amaba. No sentía que explotaba cuando lo veía. No se me aceleraba el corazón como si no hubiera mañana, ni era mi único pensamiento en el día o en la noche. No recordaba nuestras conversaciones como únicas, él no me parecía lindo y algunas veces, sobre todo cuando escribía de una forma abismalmente diferente a la mía, me parecía demasiado básico. Pero hablando de política me daba vuelta como una media, era de esos que de la cuna al cajón se casan con las ideas que trascienden y superan a los hombres que las elaboran, que tenía los ideales que le dio nuestro partido como una forma de vida y que podía llegar a matar y a morir por ellos. Daba gusto ver a alguien que en una época de descreimiento político tan fuerte, defendía a muerte nuestras banderas. Y sin embargo, nadie puede ser especial del todo ni perfecto al cien por ciento. Yo no lo era ni lo soy, él menos. 
Me cayó bien de entrada, cosa que me pasa con el 1% de las personas y siempre que le tuve que hablar, de cualquier tema, me sentía segura, cómoda. Él no la iba de careta, y la experiencia era su fundamento no algo de lo que se pavoneara. Eso me encantaba, pero con eso sólo, se comprobó que no alcanzaba. Si en cosas chiquitas uno reacciona desproporcionadamente mal, se precipita, no da la posibilidad de una réplica, una explicación o mínimo una conversación, es que no está preparado para grandes cosas, que no las afrontará, porque quizá no quiera o quizá no pueda. La que al fin y al cabo le terminó quedando grande fui yo, que no lo amaba, como ya dije, que no sentía que fuera el amor de mi vida, mi novio, mi amante ni nada que lleve "ama" como letras iniciales... y sin embargo, cuando me dejó ir, algo, además del mundo, se siguió moviendo. Para un "para siempre" que se convirtió en diez segundos en "hasta nunca", es esta mi despedida. Poder y saber decir adiós es crecer.