domingo, 2 de abril de 2017

Torta de chocolate sueca// Kladdkaka [ES]

Esta torta probablemente sea una de las más populares en las meriendas suecas. Cada café de la ciudad tiene una versión a la que puede introducirle ciertas variantes. Personalmente me gusta acompañarla con zanahorias y naranjas caramelizadas y también azúcar impalpable. Kladdkaka literalmente significa torta pegajosa. Su punto y tiempo de cocción son inferiores al de otro tipo de pasteles y es eso lo que la distingue y justamente lo que la hace tan buena. Es también una torta de rápida y sencilla preparación, pero el horneado debe hacerse con sumo cuidado. Con menos horno del necesario, la torta quedará estropeada. Si el tiempo de cocción supera los cuarenta minutos quedará demasiado seca y difícil de digerir. Para que esté en el punto justo es crucial vigilar la cocción durante los últimos minutos del horneado. 



Ingredientes
100 g
(7 tbsp)
manteca/mantequilla 
125 g
(1 cup)
harina 000
25 g
(4 tbsp)
cacao amargo en polvo.
1 pizca

sal.
3

huevos. 
225 g
(1 cup)
azúcar blanco refinado.
1 cucharada 

esencia de vainilla. 


Preparación

1. Precalentar el horno a 175° grados.
2. Derretir la manteca y dejar enfriar lentamente. 



3. Unir los huevos y el azúcar hasta que la mezcla sea liviana, fluida y pálida. 


4. Agregar la manteca derretida y el cacao en polvo hasta lograr una mezcla espumosa y consistente.  Batir al menos tres minutos con batidora eléctrica.

5. Poner en un molde previamente enmantecado y enharinado de 20x30. La torta crecerá durante el horneado, pero no demasiado.
6. Cocinar a fuego mínimo por alrededor de 18-22 minutos o hasta que los bordes estén dorados y crujientes.
7. La torta estará lista una vez que al presionar el centro éste necesite un poco de presión para romper la capa formada por el azúcar, pero por dentro siga estando blanda. Una vez que eso ocurra, dejar enfriar en el molde por lo menos durante una hora. Una vez fría puede conservarse hasta cuatro días en un lugar fresco y seco. 

Swedish sticky chocolate cake (Kladdkaka) [EN]


This cake is possibly one of the most famous Fika cakes in all of Sweden. Every café has a version of Kladdkaka (which literally means ‘Sticky Cake’). Yes, it is a bit like an underbaked chocolate cake (and that's exactly what makes it so very good). It’s also an easy cake to make, but watch the baking: too little and it’ll be a runny mess, too much and it’ll be a stodgy dry cake. 
Watch it closely during the last few minutes of baking time!


Ingredients
100 g
(7 tbsp)
unsalted butter
125 g
(1 cup)
plain (all-purpose) flour
25 g
(4 tbsp)
good quality unsweetened cocoa powder
pinch

salt
3

eggs
225 g
(1 cup)
caster (superfine) sugar
1 tbsp

vanilla sugar*
*Or use 1 teaspoon of vanilla essence.
Instructions

1. Preheat the oven to 175°C (350°F, gas 4, fan 160°C).

2. Melt the butter and leave to cool slightly

3. Whisk the egg and sugar together until the mixture is light, fluffy and pale.

4. Fold in the melted butter until you are left with a smooth chocolate mixture

5. Pour into a lined cake tin. This recipe fits a normal 20x30cm tin. The cake will not rise, but it will puff up slightly during baking

6. Bake on the lower rack of the over for about 18-22 minutes until the centre is lightly set.

7. If you press down gently on the cake whilst its baking, the crust should need a bit of pressure to crack. When this happens, the cake is done. Leave to cool in the tin for at least an hour. Once cooled, it can be stored in an airtight container for up to 4 days. 

sábado, 25 de marzo de 2017

Nunca Más (esta vez, en serio)

Hace 41 años te mataban no sólo por lo que creías, no sólo por lo que pensabas, sino también por lo que creían que podías llegar a hacer con todo eso que pensabas. La dictadura, las muertes, las torturas independientemente de las banderas políticas fueron padecidas por todo el pueblo argentino. 

Un pueblo sin memoria se condena a sí mismo a repetir una y otra vez los errores u horrores del pasado. Nuestra memoria, como argentinos, como militantes y como ciudadanos no es ni debería ser un habitáculo vacío que se prende porque sí en días específicos y luego se vuelve a dejar en stand by. No. Nuestra memoria está cargada de emociones, no es peso muerto, no es algo inerte. Nuestra memoria late, es nuestro valor agregado. Nuestra madurez social y política es la que hoy apaña a la democracia como sistema de gobierno y es esa democracia la que todos los días tenemos que salir a defender e incorporar en todos nuestros actos.

No nací sabiendo nada. Como a muchos otros, que nacieron (nacimos) en democracia, me lo incorporaron. Primero fueron mis viejos, después la escuela, los libros, los medios, quienes esa mañana de hace 40 años se despertaron y estaban en dictadura, quienes no vivieron para contarla, pero viven de otras formas...

Yo no lo viví, pero puedo y elijo transmitirlo y sé que no soy la única. Entre todos estamos creando las bases para que las generaciones futuras no tengan, al igual que nosotros, ni un atisbo de duda a la hora de levantar las banderas de quienes ayer lucharon para que hoy podamos ser libres en convicción y pensamiento. 

Ni tenemos que olvidarnos de dónde venimos y tampoco tenemos que perder de vista hacia dónde vamos ni por qué luchas bregamos. Queda mucho camino para tener el país que soñamos y si inclusive en democracia nos sigue faltando gente, como sociedad, no podemos estar completos. Que el NUNCA MÁS nos dure para SIEMPRE.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Wednesday

1. BAJA PRESIÓN: algún día me voy a tatuar el 8/5, solo para recordarme que siempre se puede bajar un poco más.

2. LOS CINCO MINUTOS: sea la hora que sea, duermas solo o con quien sea, los "cinco minutos más" después de posponer la alarma, nunca son cinco minutos.

3. BACON Y MEDIALUNAS: es legal desayunar cuantas veces sea necesario, para ligar de arriba y por algunos minutos una ráfaga limpia de aire acondicionado.

4. ZOMBIES: no importa que esté muerto hace más de veinte años, sigo hablando de él en presente, como si me lo fuera a encontrar mañana. No importa que esté vivo y dando vida, cuando lo nombro, siempre es en pasado, casi como si no hubiera existido.

5. PARADERO: ¿adónde creés que te vas a esconder, si de un fantasma no se puede escapar?

6. GENTILEZA: "si estás embarazada o con pibes podés pasar directamente... igual pasá, hay tipos que vienen con bebés para pasar primero y me hacen dar bronca, hoy el calor es inhumano para todos"

7. DOBLE RACIÓN: "No hay fruta, agarrate otro pan". Como si fuera lo mismo, como si diera lo mismo.

8. FANTASMAS: cuando estás por dejar algo, te cruzás con todas las razones que, a lo largo de los años, tuviste para no dejarlo.

9. PORTACIÓN DE CARA: el tipo me había manoteado durante un recital, era piba, boluda, corrí y me largué a llorar. Lo vi ayer, hoy, mañana. Trabaja en la esquina de casa. Pasó media década, yo sé que soy una más en su haber, pero él es el único que miro y me da náuseas.

10. PUNTOS CARDINALES: "son 6 pesos", "son 6,25, porque aunque sean 15 cuadras, hay cambio de sección", "¿por qué me peleás por 25 centavos si a fin de año vas a pagar 11 mangos"... y así los choferes de la línea ESTE, demuestran que hace mil años que perdieron el norte.

11. CEBADA: pensaba que en verano y con cuarenta grados, me bastaba un helado para ser feliz. Y entonces descubrí la birra recién sacada de la heladera.

12. USOS: los volantes que dan los pibes vestidos de cocineros no sirven ni para abanicarse. Es en ese momento cuando hay que recurrir a la chica que reparte las muestritas de Pantene.

13. CON LA FRENTE MARCHITA: uno empieza a entender el tango cuando está más lejos de cumplir 15 que de llegar a duplicarlos.

14. LA MEDIA VUELTA: andate de mi mundo, andate con el sol, andate cuando se muera la tarde.

15. AL REVÉS: en el Registro Civil, a mayor edad, mayor el arancel (y ni hablar si ya estás muerto)

16. FICCIÓN; y no hay novela que pueda se le pueda comparar a lo intrincado de algunas realidades.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Letra y Música 2

Nunca había leído testimonio más desgarrador que el de Noches Blancas, nadie me había cantado tan bien las cuarenta como don Eduardo en El Libro De Los Abrazos. Nadie me había transmitido tan bien lo "loco" del amor y la fuerza de los celos como el Romeo y el Otelo de Shakespeare y nada me hacía "volar" tanto como el realismo mágico del Gabo o las historias de Ray Bradbury, que de tan prácticas eran fantásticas y de tan fantásticas, llegaron a ser reales. Tampoco nadie me había dado tantas vueltas como Descartes o parecido tan interesante y al mismo tan insulso como Gray y su atlas de medicina.

Fue en ese momento, cuando mi realidad superó todas mis ficciones ya escritas, cuando empecé a leer menos y tuve la necesidad imperiosa de (d)escribir(me) más. Creía saber cómo se sentía un beso porque lo había leído tanto en un libro de poemas como en uno de medicina, pero recién fui capaz de describirlo cuando me dieron uno. Esa misma situación se dio con todas las cosas y experiencias por las que fui pasando después. La lectura fue mi teoría y cuanto más creciera, más tendría que apropiarme de la escritura como práctica. No por nada, los escritores escriben y describen TODA su vida, aunque nunca jamás escriben sobre sí mismos.

Leer o escribir bajo presión es imposible. Se hace o por mero impulso o no se hace. Un libro no te llega por azar, uno lo elige y quizá ese libro también lo elija a uno. Así fue como los primeros me los mandaba mi abuelo junto con bolsas y bolsas de golosinas, los siguientes mi papá y los restantes los fui consiguiendo hasta hacer de mi biblioteca un club. No me imagino otra forma de leer que no sea escribiendo, ni me imagino una descripción de mi vida sin la lectura como arma, aliada y en muy contadas ocasiones, también enemiga.

La idea, la inspiración, ese algo que surge de la necesidad de tomar una lapicera o empezar a tipear no viene porque sí y lo mejor del asunto es que del mismo modo que la imaginación, la escritura tampoco tiene techo, mucho menos, piso. Así como amor no es literatura sino se puede escribir en la piel, así como todo conflicto, todo cambio tiene un detonante, todo lo escrito tiene un porqué y un para qué. Ya sea que se escriba un microrrelato, los 140 caracteres de un tuit, una novela o tu propia biografía lectora, siempre hay una razón. La de hoy, es presentarme, representarme y volver a descubrir esos motivos por los que justamente creo que si todo lo demás falla hay que leer, pero más que nada, no dejar de escribir.

Letra y música 1

Sí. Los veintitantos que tengo me los pasé leyendo. Mi abuelo materno se sabía la Divina Comedia de memora, el otro era licenciado en Letras y mis padres, abogados, devotos de Cortázar, Bécquer y Shakespeare.  ¿De qué otra forma podría haber salido?

Caperucita Roja, la Cenicienta y Blancanieves eran parte de mis lecturas predilectas, pero no por mucho, ¿quién no quería ser princesa a los cinco años?, ¿quién no quería, a los diez años, encontrar un príncipe para casarse y no tener que salir a trabajar?

Las princesas eran perfectas, pero no eran reales, al menos no tanto como las mujeres que se instalaban horas en el estudio de mi mamá. La Bella Durmiente no tenía un marido que le pegaba, ni un padre ausente. Tampoco hay novios obsesivos en los cuentos de hadas y nadie lidia con cáncer antes de los 30, ni se saca los ojos por un pedacito de tierra. Ni las princesas ni las mártires eran mis ejemplos, pero las leía, las veía y las escuchaba. Quizá, sacando un poco de cada una y aprendiendo de la otra podría inventarme una mujer que sí fuera un ejemplo o podría armar una lista de las cualidades que yo sí podría tener cuando me convirtiera en mujer.

Leí a los hermanos Grimm con la misma pasión que todos los fines de semana buscaba una nueva palabra en el diccionario, a fin de poder ganarle a mi papá (obsesivo cultor del griego, el latín y el castellano) en el tan temido tutti-frutti. Prácticamente sentía que tocaba el cielo con las manos cada vez que gritaba "Tutti-frutti, nadie más escribe" y sabía que todo era mi mérito propio por haber leído y nunca haber dejado de escribir. Me sentía imbatible.

La vida me fue llevando por distintos y variados caminos. Al ir creciendo, al menos en edad (porque sigo midiendo lo mismo que a los 13 años), mis responsabilidades fueron mayores y los tiempos para leer se acortaron. Sin embargo, nada puede con la imaginación, más cuando sobrevienen momentos de crisis, o cuando justamente, la realidad supera a la ficción. Por eso, el tiempo que no pasaba leyendo lo empecé a utilizar escribiendo. De ahora en más yo iba a ser la dueña de mis ficciones y la creadora de mis propias realidades.

sábado, 28 de enero de 2017

Como si nada


Rompí tus cartas, borré tus conversaciones y cerré mis cuentas. Cogí mis sábanas e hiberné en ellas todo el día.
Cuando era chica decía que quería ser médica para inventar la vacuna contra el mal de amores, esa que ahora me ayudaría a verte, oírte y pasar ratos con vos como si nada, pero sabiendo que habíamos vivido un “como si todo”; porque no importa qué tan corto pudo haber sido nuestro camino, sino la marca que ya nos dejamos.
Y ahí estaba yo, lidiando con mi alma de a ratos, de a cuajos, de a pedacitos cada vez más delicados. Los dos amamos ganar, tanto que hasta nos duele empatar.
 “Yo no quiero cagarla”, me dijiste.
“Y yo tampoco te quiero a medias”, te respondí.
Por más que quisiéramos ganar (nos), teníamos mucho para perder.
Pensé en Agatha Christie y el modo brutal que tuvo de hacer de su historia una ficción. También pensé en la treinta y única película que me hizo llorar: el Eterno Resplandor de Una Mente Sin Recuerdos. Suspiré.
En la única red social de la que no había podido borrar tu rastro encontré un mensaje tuyo. Uno que probablemente me mandaste con varias copas de más y del que quizá-no sé- ante mi letal respuesta, te arrepentiste.
Se supone que cuando alguien está en un break como Rachel y Ross, los implicados no se escriben, no se ríen, no se miran y mucho menos confiesan que se extrañan. Sin embargo, vos y yo… lo creo imposible.
Fue en ese momento cuando lo entendí todo. No puedo borrarte de mi vida, ni puedo borrarme de la tuya. Yo no puedo dejar de lidiar con tu presencia y vos no me podés sacar de tu cabeza.
Llegué a la conclusión de que tenemos que aprender, pese a nosotros mismos, a vivir juntos pero no revueltos, como en un cuento infinito. Ninguno de los dos pierde, pero ninguno de los dos se va a dejar ganar.
Estamos sin ser y no somos nada, pero te sigo mirando, te sigo mirando y mirando y seguís siendo todo.